Una marca de coches estadounidense (que no americana, que América no es sólo de los que viven en los Estados Unidos) celebra los años que lleva asentada en España y difunde una cuña publicitaria en la que dicen que el año que vinieron aquí nuestro país mandó a un famoso festival de música a un cantante que nos dejó en el penúltimo lugar. Por suerte, en cambio, como dicen ellos, a la marca de coches se le ocurrió la brillante idea de aparcar en la piel de toro y, para disfrutar de tal conmemoración, nos vende sus coches y nos paga las primeras letras. No es que nos las perdona o nos las aplaza o nos las prorratea. Ellos hacen los coches y no nos descuentan nada, sino que nos pagan. O sea, que se lo pagan a sí mismos. Imperialismo publicitario: así está el asunto.
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