30 abril 2008

Félix Mendelssohn

Me fascinan el orden y la claridad que hay en los conciertos para piano de Mendelssohn. Hay algo fiable en esa música, hay una sinceridad expositiva que resulta rara y valiosa. Diría que hay verdad en esos conciertos, en esos diálogos del piano con la orquesta, y que en ellos el deseo del compositor -que la música propiciara claros pensamientos, que podían ponerse por escrito, que no enmarañaran la atención ni la sensibilidad del oyente- se cumplía a la perfección. Y es que, partiendo de una voluntad de orden y control, de dominio, creo que el aparente conservador Mendelssohn lo que hace con su obra es ofrecer mensajes coherentes con su manera de entender el mundo, la fe, pero también las relaciones humanas, los afectos. No en vano, quedó herido por la muerte de su hermana y no tardó demasiado en morir también él, que siempre se sintió muy cerca de ella -escribo esto oyendo el adagio del Concierto nº2, con los dedos adormecidos y a la vez volátiles por la emoción-, que supo que no podría asimilar su pérdida. Era alguien irritable, pero profundamente humano, un hombre que miraba hacia el lado claro de las cosas. Su música transparenta su afectos, sus deseos de amar y ser amado, su generosidad. Su claridad era la de quien mira lo cercano sin olvidarse nunca de lo que hay más allá, de lo que hay o desea que haya más allá. La próxima vez, escuchad su música y pensad que fue un alma noble que buscaba la concordia y seguramente era de esas personas que tenían siempre una palabra amable, alentadora. Cuántos Mendelssohns necesitaríamos -incluso los que estamos enfrente del conservadurismo- para cambiar y mejorar muchas cosas. Empecemos por escucharle, por dejarnos llevar por su música y por ordenar nuestras ideas, que serán cada vez más claras gracias a su influjo.

26 abril 2008

Rafael Chirbes



Vino a Granada con "Crematorio", la primera obra maestra del siglo XXI escrita en España. Lo presentó José Abad, que conoce bien su obra y la admira intensa y rigurosamente. Leyó Chirbes unos folios y habló sobre la novela y los novelistas. Dijo que en "Crematorio" se había enfrentado a un personaje protagonista que era complejo, al que consideraba por encima de él: detesta que los malos sean únicamente malos y los buenos sólo buenos. Escribir novelas para que me digan lo que ya sé no me sirve, afirmó. Las que le interesan son aquellas que le hacen cuestionarse las cosas, lo que piensa. Así, enfrentarse al reto de crear un personaje al que detesta pero al que ha de abordar con precaución, con profundidad, mirándolo desde abajo, entendiéndolo, tirando cables que otros pueden recoger, cartografiándolo con esmero y sin descalificaciones vanas, respetándolo, es una ejemplar lección que nos deja y que les servirá a otros autores para reflexionar y constituye un aliciente más para cualquier lector que se acerque a este novela inolvidable.

17 abril 2008

Personajes


Leyendo el prólogo que escribió André Malraux para la novela "Diario de un cura rural", de Georges Bernanos, absolutamente sobresaliente, me da por pensar que nuestra actual literatura está invadida de caracteres y huérfana de auténticos personajes, de personajes inolvidables, de personajes que calen hondo en nuestras mentes hasta el punto de hacernos olvidar que son creaciones literarias para pasar a ese estadio maravilloso de seres con vida propia, no importa de qué carne o papel provengan - ni de qué pantalla-. Señalaba ayer en una entrevista en el diario Público el escritor argentino Ricardo Piglia que la novela no desaparecerá mientras existan personajes, mientras se creen personajes bien trazados y bien desarrollados. Lo comparto. Abundan los caracteres -sujetos a una pasión, una obsesión, una idea conductora -pero escasean los personajes, esos seres ficticios y absolutamente necesarios que se sumergen en acciones inesperadas, que exploran en el fondo de sus almas, que se sorprenden y nos sorprenden con sus excursiones a lugares de su personalidad -de su alma- de los que no vuelven igual que cuando partieron. Estamos rodeados de caracteres -en la novela negra, la mala novela negra, surgen como setas- que se mueven férreamente manejados por las manos de sus conformistas creadores y que hacen viajes inútiles de los que regresan como si no hubieran salido de sus propias casas - de sus propias almas-. Si echamos de menos a Dostoievski, a Balzac, a Flaubert, al Raymond Chandler de "El largo adiós" no es porque seamos unos nostálgicos irredentos, porque nos hayamos quedado anclados en un pasado glorioso y muerto. Los echamos de menos porque crearon personajes -esos tipos imprevisibles, osados, indagadores de la cuestión humana- , porque no se contentaron con legarnos simples caracteres. Los echamos de menos, los necesitamos porque la literatura con ellos nos acercó a la esencia, a lo que nunca dejaremos de necesitar: al otro, al semejante. Somos seres sociales por naturaleza, somos fragmentos ambulantes que siempre andamos buscando complementos y luces de los que no pueden proveernos nuestra razón y nuestras creencias. Somos seres incompletos. Necesitamos personajes, necesitamos al otro. Necesitamos el diálogo con unas constantes -tan ciertas como las vitales - que nos definen como seres humanos y que se expresan en ocasiones mediante la ficción de forma más concreta y útil que en la engañosa realidad. Gracias a la novela -las grandes novelas que nos despiertan- continuará existiendo el diálogo con esas constantes, con la esencia, con lo que definimos como humano.


Foto: Willy Ronis

Texto recomendado: Acción de gracias - Richard Ford. En el blog de Pepe Cervera

14 abril 2008

Los días del pasado, de Mario Camus


Lenta, paciente se mueve la cámara por los paisajes del norte de España, nos muestra los rostros fríos y atemorizados de los habitantes de nuestra posguerra, los rostros de los vencidos, de los que nunca podrán recuperar cabalmente la alegría de vivir. Con voluntad de verismo, sin alzar la voz, narra Mario Camus una historia que no puede dejar a nadie indiferente, que ahonda en la injusticia y la soledad de los que tuvieron que aguantar casi cuarenta años de dictadura franquista. La maestra andaluza que viaja al norte para buscar y reunirse con el hombre al que ama no puede ser feliz ni lo será aunque lo encuentre, aunque vuelva a besarle y a sentirse momentáneamente en paz a su lado, porque el destino de su amado es la lucha, es la memoria, es la muerte en la batalla contra quienes les arrebataron a los débiles, a los vencidos, lo más importante que el hombre tiene: la palabra (magníficamente señalado en el estudio que hace de la película José Luis Sánchez Noriega en el libro que la colección Signo e Imagen/Cineastas de Cátedra le dedicó al gran director de cine hace ya diez años). Gran película, absolutamente necesaria, una lección de cómo narrar de manera poética y realista a la vez.

28 marzo 2008

Mariana


(Para Mariana, allá donde esté)


Te dicen que ha muerto. Tratas de olvidarlo, tratas de llevar la noticia por el camino de los avatares de tu vida cotidiana. Sigues viendo la televisión, modulas tu voz para que no te delate la angustia. Pasas la tarde en la calle, hablas con tu mujer, con tus hermanos, con tus sobrinos, tomas cervezas y procuras que tu mirada no se pierda, que la voz no se ahogue en mitad de una frase. Pero cuando te has bebido seis cervezas, después del chupito de whisky, mientras avanzas por la calle llena de charcos de luz y de sombra a esta hora tardía, piensas en ella, que ocupó una semana de tu vida, que estuvo desnuda y pegada a ti sobre una manta en el salón de tu piso alquilado, en los años en que no eras más que un hombre que empezaba a descubrir el sexo. Ella estuvo a tu lado, debajo de ti, encima de ti, ella te miró moviéndose sobre tu cuerpo, creando olas en tu piel y en tu mente con el vaivén de sus caderas, de su melena y de su piel oscura que se borraba y se hacía definitivamente real ante tus ojos entrecerrados. Fue compañera de una semana, sólo eso. Y ahora que está muerta quieres pensar en ella, sólo en su cara, en su voz, en su manera de apartarse la melena de la cara, de regañarte cada vez que le hacías perder la paciencia. Pero ves su cuerpo desnudo, la sientes durante un instante encima de ti, de tu placer breve, y quieres llorar, te preguntas por qué un cáncer elige a una víctima de apenas cuarenta años, por qué la crueldad, por qué la brevedad, y te acuestas junto a tu mujer y no dejas de recordar y ves el cuerpo desnudo, los ojos y la piel morena y el pelo negro y te dices que el dolor es siempre una mancha que no puede eliminarse, que ya nada puede borrar.


Foto : Willy Ronis

25 marzo 2008

Arthur C. Clarke y Fernando Savater


Se nos fue un maestro de la literatura, un escritor grande que nos legó sus sueños y deseos para un futuro verdaderamente mejor. "El fin de la infancia" me parece una novela destacadísima, de las más interesantes del pasado siglo, de las necesarias. Pero nada más tengo que añadir sino el enlace para que quien quiera lea el excelente artículo de Fernando Savater, publicado en El País hoy, lleno de sensibilidad, inteligencia y una frescura que añoro tantas veces en otros textos literarios.

Las arenas de Marte, de Fernando Savater.

22 marzo 2008

Hombres en el engranaje


Nuestra civilización está enferma. Somos víctimas que matamos, somos muertos que asesinamos, somos solitarios que dejamos solos a otros, somos débiles que nos empleamos con ímpetu en maltratar a los que son aún más débiles. Creo que hay que intentar otras vías. La ciencia es un páramo para lo ético. La política es un páramo para la razón. El individualismo es un páramo para la esencia humana.Hay que buscar otras vías. Romper, ver qué queda y recomenzar. Tenemos mucha información, mucha preparación, pero no damos pasos adelante. El mal de los intelectuales. El mal de la manipulación. El mal de sólo ver el mal y ahogarnos en la marea del no querer saber más para no quedarnos ciegos y tontos. Pero vendrán más años malos y nos harán más ciegos, como decía Sánchez Ferlosio. Y entonces alguien llegará y tendrá todo el derecho de decirnos que somos ciegos y cobardes.

(Texto surgido tras una visita al blog "Tonterías emocionales", de María, que os recomiendo, y dedicado al gran escritor Ernesto Sábato)

11 marzo 2008

Cómo publicar


¿Qué harías vosotros?
Tenéis una novela que no le ha interesado a ninguna editorial. Alguna se ha quedado a un paso de publicarla, otras editoriales la rechazaron a la primera, otras esperaron un tiempo prudencial pero no dieron un paso adelante.
Esa novela sigue gustándoos, os convence, creéis que es digna, que merece la pena publicarla.


Opciones: A/ Seguir esperando, mandar a editoriales a las que aún no le habéis remitido vuestra creación. B/ Publicarla en lulu.com, ponerle un precio asequible -no se trata de ganar dinero- y darla, de alguna manera, por publicada y que se busque la vida ella solita. C/ Publicarla en un blog.

Bueno, vosotros diréis.


Foto: Manuscrito de Camilo José Cela, en la web del escritor José García Nieto

06 marzo 2008

Albert Camus y nuestra civilización


En su libro "Carnets, 2", apto para la lectura y la relectura, para repensar nuestro mundo, encontramos estas impagables reflexiones de Albert Camus:

La inteligencia moderna está en plena confusión. El conocimiento se ha dilatado a tal extremo que el mundo y el espíritu han perdido todo punto de apoyo. Es un hecho que estamos enfermos de nihilismo. Pero lo más sorprendente son las prédicas sobre "retornos". Retorno a la Edad Media, a la mentalidad primitiva, a la tierra, a la religión, al arsenal de las viejas soluciones. Para atribuir a estas panaceas una pizca de eficacia habría que hacer tabla rasa de nuestros conocimientos -hacer como si no hubiéramos aprendido nada-, fingir, en suma, que borramos lo que no puede borrarse. Habría que tachar de un plumazo el aporte de varios siglos y las innegables conquistas de un espíritu que finalmente (es su último progreso) recrea el caos por su propia cuenta. Esto es imposible. La curación tendrá que conciliarse con esta lucidez, con esta clarividencia. Deberá tener en cuenta las luces que conquistamos desde el instante de nuestro exilio. La inteligencia no está confundida porque el conocimiento haya trastornado el mundo. Lo está porque no ha podido adaptarse a ese trastorno. No "se ha hecho a la idea". Que se haga a ella, y la confusión desaparecerá. El espíritu podrá enfrentarse al desorden con la clara conciencia de que existe. Hay que rehacer toda una civilización.

¿Suscribís sus palabras?


Foto: Henri Cartier-Bresson

26 febrero 2008

Gonzalo Calcedo Juanes: Temporada de huracanes (2)


También me parece magnífico el segundo relato, "Tres muñecos de nieve", en el que son más evidentes las influencias de la narrativa corta estadounidense pero sin ahogar la creatividad de Calcedo, sin borrar su presencia en el relato, la del autor que mira de una manera muy determinada a sus criaturas, que hace avanzar por una línea que distiende el pasado o lo encoge con una precisión espléndida, que escoge con pleno acierto motivos simbólicos y no los deja fríos en primer plano sino que los mueve con fluidez y dotándolos de una vida que sólo los personajes muy recordables poseen. Todo es sugerido, apuntado, todo está en un plano que obliga a mirar más abajo, a buscar lo escondido, lo no dicho: el estilo de Calcedo es profundamente económico y cristalino, sin falsos juegos y sin retórica vacua, pero también se presta a la frase brillante, enjuiciadora, con valor de diamante. Y al final hay unas palabras de un personaje que caen sin fuego pero queman, según la inteligente manera de contar de Calcedo, que emociona sin cargar las tintas, sin remarcar, buscando la complicidad del lector atento y sensible: habla de que lleva un pañal bajo su disfraz para parecer más gordo, un pañal de adulto, y agrega, medio borracho y desengañado de muchas cosas y ofendido y roto en verdad por dentro pese a sus anteriores palabras agresivas, que el narrador ha hecho más bien como que no oye: "Dios mío, mi pobre madre usó uno de esos al final de sus días. Qué tristeza..."
Calcedo es un escritor al que hay que visitar para saber más de qué están hechas las heridas del alma. Y para leerle, os aconsejo, tomad asiento y dejad una puerta de vuestra alma abierta. No lo leáis sólo con los ojos, ni con la mente. La experiencia será inolvidable.

15 febrero 2008

El país Ashkenazy ( Homenaje al pianista y director Vladimir Ashkenazy)

No es un compositor, pero sin duda a este inigualable intérprete -el que más grabaciones de referencia tiene de todos los músicos vivos- le debo haber descubierto la música clásica y a muchos compositores, incluso a otros artistas. Yo escuchaba a Leño, a Dire Straits, a Pink Floyd, a Carlos Cano. En mi casa nunca había entrado ningún disco de música clásica. Pero escuchando la radio, sobre todo por la tarde, empecé a oír su nombre en un programa de José Ramón Ripoll. Todas las composiciones que interpretaba al piano aquel tipo llamado Ashkenazy me gustaban. Y les seguí la pista a los autores, profundicé en un tipo de música del que conocía sólo lo más popular. Gracias a Radio Clásica -una emisora que da íntegras las obras, que no tiene publicidad, que es una tierra en la que nunca se pone el sol de la alegría, de la rotundidad, de la viveza, de la vida, en suma, que procura el gozo de la música-, a Ripoll, a Ashkenazy disfruté de las piezas breves de Schumann, de la grandiosidad nunca superficial de Beethoven, del romanticismo de Rachmaninov, de la percusividad de Prokofiev, de la majestuosidad -tan afín a la música de Elmer Bernstein, el compositor de bandas sonoras, aunque por otras vías que se comunican no tan secretamente- del Mussorgski de "Cuadros de una exposición", mi preferida de entre todas las creaciones de la música seria, como la define el gran pianista al que dedico este escrito.
Así se me presentan algunas de las mejores sorpresas, así voy dando saltos de una piedra a otra, de una voz a otra: porque puedo decir que, tantos años después, sigo admirando a Ashkenazy, oigo sus discos sinfónicos y les sigo la pista a los intérpretes que trabajan a su lado. Hélène Grimaud es por ahora la última parada, tan satisfactoria y tan plena, con tanto por decir aún. El maestro, entretanto, ha cumplido 70 años. Hace diez o doce yo me lo imaginaba sentado y dudando por primera vez ante el teclado, mirando su manos y sintiendo que la fuerza, la bravura y la delicadeza las habían abandonado. Temía saber que no tocaría más, que habría llegado el momento del abandono y de volver la vista atrás y ser alguien que ya sólo tiene logros en el pasado, una discografía que nunca se incrementará con otro disco de piano. Sufría, os lo aseguro; tanto admiro a este ruso genial, tanto le debo. Como si fuera de mi familia, acaso un hermano mayor, lo veía cansado y desengañado, con muchísimo a la espalda y con la repentina convicción de que lo que le esperaba era pequeño, falso, sólo sombras en una esquina de la pared. Le temo al tiempo, a su desgaste, a su fría aniquilación.
Pero el gran Vladimir Ashkenazy sigue aquí, sigue tocando el piano, sigue dirigiendo orquestas y sigue estando en una parte de mi vida para siempre, inamovible, como para otros lo es un viaje a un país extranjero o la consecución de un logro absolutamente personal. Cuánta felicidad me ha aportado a mí el viaje al país Ashkenazy, haberle conocido. Y después de darle muchas vueltas, de no saber cómo empezar ni cómo plasmar por escrito mi agradecimiento, aunque nunca lea el maestro este escrito, al menos ya está aquí y puedo decir: amigo, no pares, olvida tu edad, sigue siendo un hombre-música, no cierres tu país, que aún muchas visitas me quedan y muchos visitantes han de ir hasta allí.

Lectura recomendada: Murasaki Shikibu, la novela de Genji. En el blog de Mart.

11 febrero 2008

Elio Vittorini, la palabra y el escritor


En todo hombre está la esperanza de que acaso la palabra, una palabra, pueda transformar la sustancia de una cosa. Y en el escritor está la de creerlo con asiduidad y firmeza. Está en nuestro oficio, en nuestra misión. Es fe en una magia: que un adjetivo pueda llegar donde no llega, buscando la verdad, la razón; o que un adverbio pueda recuperar el secreto que ha escapado a toda pesquisa.


(Palabras de Elio Vittorini, extraídas del libro "La novela italiana de la posguerra", de Giorgio Pullini)

04 febrero 2008

La soledad, de Jaime Rosales


Fuera caretas, abajo las coartadas. Se puede hacer buen cine comprometido, social y valiente, que mira cara a cara a la vida, que es reconocible y habla de gente como tú y yo, la clase media, ésa que parece no importarle al sistema más que para largarnos películas hollywoodienses de acción descerebrada y argumentos sin pies ni cabeza.
Se puede hacer este cine, tiene espectadores y -aunque no es necesario, pero ahí queda- recibe incluso los mayores premios, como anoche en los Goya.
Mi aplauso para los creadores de una película tan original, que es puro cine y pura emoción.

01 febrero 2008

Contra los coches


Se pierde la dignidad, se pierde la vergüenza, se pierde una parte importante de lo que le define a uno como ser humano cuando atropellas a alguien con un coche, lo matas y luego reclamas que te paguen los desperfectos que el otro ser humano, mientras moría, le hizo al pedazo de lata andante que llamamos coche y veneramos como al nuevo becerro de oro.
Nunca quise tener coche. Nunca quise poder hacer daño -me decían algunos amigos que quizá no había madurado en algunos aspectos: qué alegría ser un inmaduro para siempre antes que volverme un inconsciente y un prepotente por manejar una bestia con ruedas que puede matar-, matar aunque fuera debido a un descuido.
Se puede vivir sin coche. Se puede ir a comprar el pan sin coche. Se puede ir al centro de la ciudad sin llevar el coche. E ir a otras provincias. Se pueden hacer muchas cosas. Detesto los edificios de Nueva York porque no están hechos a la altura de la esperanza humana. Detesto los coches y las prisas y a los imbéciles que se creen poderosos con un volante entre las manos. He mantenido discusiones y defendido que es un conductor homicida el que va a más de la velocidad permitida por cualquier carretera y un homicida a secas el que lo hace en una ciudad o en un pueblo, donde un niño despistado puede surgir tras cualquier esquina.
Me dan asco tantos anuncios sobre coches. Los veo y los olvido, porque no retengo los nombres, las marcas. Sólo los recuerdo por el color. Viajo poco pero contamino menos. Soy amigo de los autobuses y, sobre todo, de los trenes. Se puede vivir sin ser un conductor. Se puede vivir y dejar a los demás en paz.
Esos que atropellan y luego reclaman dinero para arreglar sus coches a las familias de las víctimas son animales predadores. Creen ser personas pero no lo son. Que el cielo los juzgue.


Foto: Willy Ronis

29 enero 2008

Gonzalo Calcedo Juanes: Temporada de huracanes


Qué gran relato es "A dos mil metros de altura sobre el nivel del mar", con el que se abre este libro de un consumado autor de cuentos, uno de esos escritores que no aparecen en los medios en grandes letras pero que van construyendo un mundo narrativo perdurable y de un valor siempre en alza.
A Aurora, ciudad "demasiado introvertida, demasiado campestre", va Donatella a dictar una conferencia sobre un poeta inglés pasado de moda, como ella misma, dejando en casa a un compañero del que no está muy segura y a dos hijos de un matrimonio anterior. Pocas cosas pueden pasar en veinte páginas, pero no os quepa duda de que Calcedo cuenta de una manera actual, sensible y sugerente que deja muy a las claras su altura de gran escritor. La manera actual viene dada por una narración sin efectismos verbales, de flujo medido y ágil, que no desdeña las frases certeras y que pueden extraerse con valor individual y de cita aislada: "Donatella sacó el móvil del bolsillo, estudió los mensajes de su minúscula pantalla, cada uno un capítulo, cada uno un embuste". La manera sensible viene dada por la cercanía con que se nos cuenta la pequeña historia de Donatella, por la mirada de un narrador que la comprende, que no la estudia fríamente como a un bicho raro, sino que la escucha, que nos la acerca, que nos la hace humana. La manera sugerente viene dada por el mayor acierto del relato, sin duda, que es la inteligente opción de mostrar sólo un poco, de resolver en pinceladas temas que han de continuar vibrando en la mente del lector, que han de resolverse de alguna forma en la mente del que se acerca a saber un poco de las vicisitudes de Donatella.
Es un gran relato, un magnífico pórtico para un libro que promete buenos ratos de aprovechable lectura.


Texto recomendado: Blanca Vázquez escribe sobre la película "4 meses, 3 semanas, 2 días"

26 enero 2008

Amos Oz: La historia comienza


Alumbrar lo oscuro, dotar de vida a lo inanimado, poner una mirada tranquila en los mundos que corren acelerados, compartir experiencias como lector y como persona. "La historia comienza", del gran escritor Amos Oz, es un regalo para todos los sentidos porque ayuda a ver mejor, a sentir mejor, e incluso ayuda a recordar mejor, a sacar del recuerdo objetos e imágenes llenas de polvo, aparentemente inservibles, que gracias a la nueva mirada, más intensa, más real, con que salimos de la lectura de este libro se levantan poderosas y útiles, como le ocurre al que reza en la montaña con toda su fe o al que repasa toda su vida echado en la cama, a oscuras, mientras piensa que nunca más tendrá tiempo para revisarla y entenderla. Amos Oz es un escritor con varias novelas imprescindibles a la espalda. Este libro es también imprescindible, porque cada página es un regalo, un pequeño secreto compartido y una pequeña lección de la que brotarán nuevos lectores, nuevos escritores, nuevas miradas comprensivas y estimulantes. Fontane, Gógol, Kafka, Chéjov, Elsa Morante, García Márquez, Carver y otros presentan los inicios de algunos de sus relatos y novelas que Oz examina, escudriña y, con un estilo ágil, apto para cualquiera, convierte en pequeñas crónicas, grandes destellos, enormes platos de gran cocina literaria.

19 enero 2008

Hélène Grimaud


Porque no está todo dicho, porque podemos emocionarnos con una nueva interpretación, una nueva incursión en un mundo explorado pero aún lleno de tesoros, porque la verdad de la música se impone en las manos de los mejores intérpretes, fieles y atrevidos, porque fascina con sus manos y las expresiones de su cara, sus movimientos lentos y rítmicos en directo, tenemos que oír a Hélène Grimaud. Pianista francesa, nacida en 1969, que ha tocado junto a algunos de los grandes de la batuta -cómo me alegra que entre ellos esté mi admirado Vladimir Ashkenazy-, niña prodigio que ha atemperado la fuerza y la ha convertido en lirismo del mejor, hondo y perfecto para la evocación y la fantasía, para el encuentro y el gozo, Hélène es una de las grandes artistas de nuestro tiempo. Su último disco nos regala algunos momentos de una belleza absoluta, de un lento acercamiento a la magia de sentir y vivir que sólo el genial Beethoven pudo darnos con su mente llena de tragedia y autenticidad. El concierto nº 5 para piano y orquesta, "Emperador", vuelve a deleitarnos, a hacernos preguntas, a detenernos y mirarnos, a ahondar en nuestras vidas arrasadas por la precipitación y la levedad, a provocarnos para que el placer y la armonía vuelvan a dominarnos. Perdéos en las manos de Hélène: saldréis fortalecidos y más despiertos.

15 enero 2008

El custodio, de Rodrigo Moreno


Una película protagonizada por un custodio (escolta, guardaespaldas) de un ministro argentino que está contada con silencios, con una acertadísima inserción de ruidos ambientales - abrir y cerrar de puertas de coche, de pasos, de los walki-talkies, de la respiración del ministro mientras duerme - y una interpretación magistral de Julio Chávez, uno de los mejores actores de habla hispana, cuya figura está plenamente alejada de estereotipos: no es alto, tiene papada, poco pelo. El director basa la narración en los encuadres, todos elegidos con un criterio creativo y que hacen más profunda la historia y sitúan al espectador a veces dentro y a veces muy fuera, según se narra con cercanía o con distancia la escena. Esos encuadres perfectamente buscados y la quietud de la cámara, que en ocasiones no sigue a los personajes y espera a que vuelvan a entrar en el cuadro, no son estética, sino profunda ética: hay en la elección de cada uno, siempre, una toma de postura, una sensación que se transmite sin imponerla, una visión que jamás cae en el tópico. También encontramos dos o tres desenfoques que, al verlos, dan ganas de levantarse y aplaudir, porque en una película realista no suelen abundar, son despreciados como si se les encasillara en un tipo de cine que ha de rebosar actos raros o fantásticos y se desaprovecha así un recurso que, como todos, vale su peso en oro cuando el que lo utiliza no lo hace para destacarse ni demostrar imaginación sino para comunicar más con menos, desde lo borroso, lo desechable, lo aparentemente vacuo o incorrecto. En la película hay poco diálogo, porque el custodio es un hombre que acompaña, ve, oye y no habla apenas mientras trabaja: es un defensor sordo, ciego y mudo, en verdad, un ser al que se tolera, se desprecia, se minimiza. Pero Julio Chávez lo crea en cada silencio, lo aumenta en cada palabra, lo define con cada mirada. Y lleva la película hasta un alto grado que en ningún momento necesita el exceso, la justificación, la caracterización excesiva, la anticipación que abona al misterio y descarta la emoción limpia. "El custodio" es una película magnífica, algo minimalista -en el mejor sentido-, yo diría que existencialista y ejemplar: con un personaje de cine negro se ha puesto en pie una historia absolutamente creíble, de alta calidad, se ha evitado la mixtificación y la descalificación gratuita y creado algo que se parece mucho a los sueños más realistas, los relatos literarios más humanistas, las confesiones más ciertas. Una de esas películas que uno no olvida jamás.

09 enero 2008

Philip Glass: Metamorphosis Two


La orquesta completa está dentro de un piano, la vida entera cabe dentro de la música que genera un piano. Oyendo Metamorphosis Two, de Philip Glass, con Jeroen Van Veen ante el teclado, las sensaciones se multiplican y vuelan en torno a una sola, en círculos concéntricos, como si la felicidad fuera un único objeto y todo diera vueltas a su alrededor. Porque a mí esta música me hace feliz, cómo ocultarlo. Siempre he sido devoto de la música para piano solo y además he admirado intensamente a los compositores contemporáneos. Glass es uno de los grandes, minimalista, y sus composiciones son envolventes, llenas de sensibilidad y la magia del hallazgo profundo, que toca algo en donde no hay lugar para el pensamiento ni para la divagación, donde la música es lo más alto y perfecto. Cuando el piano despide una sola nota y los dedos acompañan por debajo con otras que parecen alzar a la primera, sostenerla en alto para que nos llegue con mayor viveza y plenitud, me relajo y a la vez noto que algo se me escapa y busca una comunicación inmaterial, acaso posthumana. ¿Cómo podría pagársele a un gran músico por componer algo tan sublime? No bastaría todo el dinero del mundo, eso lo tengo claro, y probablemente nada tenga el suficiente valor como para pagarle. Quizá el único pago es la escucha atenta, alejada del runrún cotidiano, en un rincón que no ha de ser grande ni especial, sino tan sólo un lugar momentáneamente dado a la satisfacción del sonido, la lujuria de lo inesperado, el amor de lo que se repite con deseo: es tan sensual y bella la música, es tan real que cuando escribo me pregunto tontamente si la música podrá oírme, saber que estoy aquí, escuchándola, me pregunto si la música podrá saber que me hace vivir.

02 enero 2008

En tu voz, Mireille Mathieu


Uno se enamora, por qué no, de una cantante y de una voz.
He puesto un disco de Ennio Morricone, "The gangster collection", y la primera canción me fascina. Le doy al mando a distancia una y otra vez. De la película "Sacco & Vanzetti", compuesta por Morricone y con letra de Georges Moustaki. Canta Mireille Mathieu.
La voz engancha. La voz acaricia. La voz te acompaña cuando sales a la calle a comprar el pan, te sigue por la calle, te cosquillea en el oído. La voz está en tu cerebro, en tus manos, en el ritmo al andar.
Me gusta la pronunciación francesa. Me gustan las voces de las cantantes francesas. ¿Por qué no puede ser hoy una canción lo más importante del día, de mi vida en el día de hoy?
Ah, la erre tan gutural. Gracias, Mireille. Me conmueves. Gracias, Ennio. Gracias, Georges. Y un recuerdo para Sacco y Vanzetti, a quienes no hay que olvidar.


"Maintenant Nicolas et Bart,

vous dormez au fond de nos coeurs,

vous étiez tout seuls dans la mort,

mais par elle vous vainquerez !"