15 septiembre 2008

Henri Cartier-Bresson


Cartier-Bresson era más, mucho más que el instante decisivo, concepto venerado, denostado y mal interpretado, ya que muchos creen que en vez de fotógrafo el gran artista francés era un prestidigitador. Ni mucho menos. El instante decisivo es la ordenación, la conjunción, la oportunidad, pero también el deseo, la paciencia, el entendimiento, la comprensión y la ética. Claro que hay fotos en que parece un milagro que todo esté en su sitio, que case esto con aquello, que haya tanta expresividad en una imagen bidimensional. Pero es que Cartier-Bresson miraba con inteligencia, sentía con el corázon y y actuaba con una máquina cómplice, también dotada de inteligencia, preparada para secundar, acompañar, obedecer y también a veces para pensar por sí misma, decidir por sí misma. No es ninguna tontería lo que digo: todos los grandes fotógrafos saben que sin la fidelidad de su máquina nada hay que hacer, el azar no se presenta, el deseo se amortigua, los reflejos se cargan de arena y barro y el pulso falla, el disparador no responde, el encuadre se va al garete. Un fotógrafo y su cámara -al menos en el caso de los grandes maestros -son como el hombre montado a caballo que a los profanos les parece que es un unicornio.
Pero Cartier-Bresson es mucho más que el instante decisivo, muchísimo más. No tensaba sólo la cuerda cuando iba de paso, cuando corría y apuntaba y disparaba y desaparecía como un fantasma. Cartier-Bresson era un fotógrafo humanista, que componía como pocos -quiso ser pintor, lo fue, además de fotógrafo, y de ahí le viene la inteligencia en la selección y la ordenación de los materiales -, interesado en los juegos de los niños sevillanos en la calle, en la pobreza de los desposeídos de Nueva York, en la soledad de los asiduos de los parques que vagan por la ciudad con penas e historias sin contar a la espalda, en la manera de vivir y sufrir de los pobres de la India -qué magnífica imagen la de ese niño en brazos de su madre delante de un viejo carro con una rueda enorme, tan moderna, tan actual -, en la política inglesa y sus manifestaciones callejeras, en los paisajes minimalistas que son paisajes y a la vez manifestaciones objetuales del alma de los hombres o del propio Creador, en la sensualidad pública y privada, en retratar a hombres famosos con una libertad y una subjetividad ejemplares que nos permiten verlos y saber de ellos merced a una sola imagen -la foto de los Curie es un ejemplo inolvidable.- Y no se valió de la prestidigitación para hacer la mayor parte de sus mejores fotografías, no fue un cazador que llega, dispara y huye aferrado a su Leica. Lo que ocurre es que la timidez y el deseo de objetividad, proclives a la ajena interpretación de distanciamiento y frialdad, hace que se confundan los conceptos, que se catalogue con demasiada premura, que se encasille y se yerre, por tanto. En el libro de Photo Poche, editado en 1982, está la mayor parte de las imágenes que menciono, y la prueba de que Cartier-Bresson era un genio por su manera de mirar, por su humanidad, por la limpieza compositiva, y el instante decisivo es sólo una anécdota pasada y en la que insisten los cómodos y los que quieren enmarañar y subir a Bernard Plossu, a Robert Frank negando a Cartier-Bresson, como si en el arte no hubiera lugar para el blanco, el negro y el color.
Leí hace unos días un equivocado artículo de El País , plagado de lugares comunes, de golpes de efecto, desmotivador y apocalíptico que en nada tiene que ver con la realidad de nuestro rico momento creativo, en el que lo digital es un arma más tan sólo, no un exterminador que viene a acabar con el presente y el futuro del medio. Autores como Félix Curto siguen fotografiando con tomas directas y sin reencuadres posteriores en la mesa, Carlos Pérez Siquier publica más libros y su maestría en el color y el acercamiento al sujeto se acrecienta y genera epígonos y alumnos por doquier, imaginativos e inconformistas desconocidos -por el momento - ofrecen a visitantes de todo el mundo fotos destacables y de gran calidad técnica y humana en sus webs y sus fotoblogs y el mundo no se para, los reporteros existen y la verdad no ha desaparecido porque no se utilice película química. Hoy, Cartier-Bresson, con veinte años, se compraría una cámara digital, saldría a la calle en busca de personas, situaciones y luces y sombras y volvería a su casa con algunas imágenes válidas para saber más de nuestros congéneres, sus miedos, sus dudas, sus sobresaltos y sus vacilaciones y sus penas y sus alegrías. Editaría ante un monitor y en sus fotos habría tanta verdad como en las que se hicieron hace 50 ó 60 años -tiempos en que ya existía el fotomontaje, en que el mejor fotógrafo de la historia, Eugene Smith, comprometido hasta arriesgar la estabilidad emocional y la integridad física moviéndose en pos de las verdades en las que creía, unía dos negativos para crear una sola imagen que contaba mejor lo que había visto en un momento concreto y que no había podido capturar en un solo fotograma -, porque no miente la máquina, miente el hombre que quiere mentir. Y ése no fue nunca el caso del gran Henri Cartier-Bresson.

09 septiembre 2008

Breves notas ideológicas (3)

La rutina y el recuerdo, a veces tan hermanos y tan necesarios.


La fotografía digital ha venido a democratizar, a universalizar aún más el arte más accesible. Nada de miedos: el que quiera que haga arte; el que no lo quiera, que haga lo que desee. No importa el medio. Importa la actitud.


Debates televisivos entre políticos: púgiles sonados que arremeten contra el contrario con las cejas partidas, ciegos y sordos.

Entras en una librería y ves tantos libros adormecidos, que ya no se molestan en llamarte la atención, que a veces piensas que estás en un pequeño cementerio de cosas que han nacido muertas.

La crisis, la crisis. La montan los bancos y se la desmontan los gobiernos. Y, entre medias, más despidos. En tiempos de bonanza, nadie reparte sus ganancias. En tiempos de crisis, lo culpables somos todos. Y todos tenemos que arrimar el hombro. Menos los seres inmateriales, esos nuevos dioses, que componen el olimpo de los consejos de administración.

Todo el futuro está en la poesía.

Todo el pasado en las novelas con estilo decimonónico que siguen inundando nuestras librerías.

Ya no hay tristes en El Paseo de los Tristes de Granada, sólo señores armados de cámara y mirada aguda que vienen de otros países y hablan en otros idiomas. Los tristes se meten en los supermercados y en los comercios del centro y miran y no compran nada.
Hay fotografías de Gabriel Cualladó en las que me entretengo más tiempo y de las que obtengo más ideas, mensajes, sensaciones que de novelas escritas por autores como Ruiz Zafón, J. K. Rowling y Henning Mankel.
Leyendo a Balzac me dan ganas a veces de reunir todos sus libros, vender todos los otros que llenan mis estanterías y pasarme el resto de la vida releyendo al gran maestro francés.
En ciertos cuadros de Edward Hopper parece que me caigo y me convierto en uno de los seres que los pueblan. En ocasiones hasta creo ser no una persona, sino una puerta, una de las luces que entran por sus transparentes ventanas.

Cuando el arte me ciega, me aturulla, me aleja de la realidad, oigo siempre una voz que me dice: La comida lleva ya un rato puesta en la mesa, hoy también te la comerás fría.

Uno somos todos. Qué gracia les hace eso a los banqueros.

Los banqueros saben qué es la miseria y la pobreza, la usura y el dolor. Lo ven en televisores de 42 pulgadas, alta definición.


Nuestra sociedad va en continua huida hacia adelante, hasta despeñarse. Nadie está dispuesto a renunciar a nada si puede pagarlo.


Texto recomendado: No hay cucos en Nueva york, en el blog de Mart

07 septiembre 2008

Breves notas ideológicas (1)


Nos dieron una libertad ficticia; la real la posee, en este mundo, tan sólo el dinero.

La literatura, cada vez más, es un pozo con una sola estrella: el ego del autor.

En televisión se necesitan más telones. Sobre todo de boca.

El periodismo ha muerto: sólo quedan funcionarios de plantilla que van a ruedas de prensa y copian lo que sale de bocas muy bien educadas para no decir nada relevante.

La vida se vuelve un lugar común y no hay más aventura que morirse para cambiarlo todo.

Las parejas se separan, los hombres se encogen y las mujeres empiezan a mirar con ojos luminosos.

Pero no hay mujer que lo sea enteramente ocupando el espacio de poder del hombre y siguiendo su erróneo ejemplo. Habrá un cambio cuando en el mundo manden las madres, cuando triunfe la ideología de las madres.


Foto: Baylón



Visita: blog Francisco Ortiz - Fotografía




27 agosto 2008

Antonio Jesús García: Calles, televisores y un cadillac


Es un fotógrafo que sabe componer, que basa la fuerza de sus afirmaciones gráficas en el encuadre, que es una toma de postura siempre, una elección fundamental, muchas veces original y arriesgada, porque Antonio Jesús García corta algunas cabezas, elimina detalles que a ciertas miradas parecerán errores, pequeños despropósitos, y en verdad son parte de un estilo sobresaliente de estética y de ética. Los que le conocen le llaman "Ché", no me preguntéis por quién. Y en sus fotografías no faltan la conciencia, la apuesta personal, el riesgo. No se conforma este fotógrafo con repetir modelos -y los tiene grandes y de un calibre monumental: Lee Friedlander, Robert Frank-, con sumar imágenes neutras. No ha pretendido nunca ocupar un espacio porque le apetece, porque cree que se lo merece. Antonio Jesús García "Ché" fotografía desde las tripas y selecciona luego el material con los ojos, con la mente iconoclasta, transgresora. En el libro del título de esta entrada, editado en el marco de los actos de PhotoEspaña 2002, encontramos a un músico sin cabeza que lo expresa todo con las venas del cuello, a un afortunado muchacho que ríe con mucha boca y sin ojos, a un ciego del que vemos una sola pierna y su bastón crudamente blanco, los pies del fotógrafo junto a una cara televisiva, a dos desconocidas en un bar bajo un cristal que recoge el movimiento de salida a la calle, a un hombre y a su perro y una sombra de árbol que hiere y amenaza, a las procesionistas de un paso de Semana Santa de las que sólo vemos sus zapatos, sus rodillas y sus faldas. Pensaréis que son fragmentos, algo roto, pero no es así: son expresiones, verdades que crecen desde el detalle y la ausencia, que le piden al espectador que participe -esa interactividad tan vendida ahora en todo lo audiovisual-, que sugiere y no da hecho, rehecho, quemado ni requemado nada. "Ché" elige y plantea, no da lecciones ni vende imágenes cargadas de bellos colorines y que solicitan tan sólo el asentimiento del espectador porque cuenta con éste, con su voluntad y su buen saber, porque no concibe el mundo desde ningún púlpito, porque no quiere ser maestro sino cómplice. Al arte le sobran tipos que se creen maestros y necesita que surjan más autores como este fotógrafo almeriense que propone y no explica, que desde un blanco y negro afecto al realismo humanista hace un recorrido por nuestra realidad y nos brinda momentos de acierto pleno que nos invitan a relacionar aspectos de la vida cotidiana que huyen y que sólo en su cámara reposan y se vuelven inmortales y nos conceden una segunda oportunidad de mirar, de entender mejor, de movernos con la mente y con el alma desde nuestro puesto de observadores frente a la foto ajena.

Visita a la web de Antonio Jesús García y sus series fotográficas

16 agosto 2008

Javier Campano


La obra de Javier Campano está hecha de momentos tranquilos y muy significativos. Como los que veía Robert Frank, el inolvidable autor de "Los americanos", están cargados de ideas, de conceptos, y son tan efectivos como un libro de filosofía. A veces la novela me hastía, me cansa, porque me obliga demasiado a creer en mentiras, en paisajes que no existen, en seres volátiles. Recurro entonces a los libros de fotografía, a las exposiciones, y la mirada se me aclara, las ideas fluyen con vigor en mi cabeza. Creo en lo que veo porque es cierto, irrebatible, porque las fotografías que me gustan son siempre una crónica, un pedazo del diario personal del fotógrafo, son esbozos pero a la vez son obras definitivamente acabadas. La literatura me sale por las orejas, me entontece a veces, porque pienso que no sirve más que para darle productos inanes a este sistema que lo fagocita todo, que lo descategoriza todo, que todo lo hace papilla. La novela me resulta una vía más para idiotizar al personal, para tenerlo atrapado en la fantasía, para que no luche por las cosas que es necesario cambiar. La novela, en ocasiones, me parece que sólo sirve actualmente para hacerle el caldo gordo al sistema, que se encarga de apartar a los que tienen ideas propias y mensajes interesantes de los cauces que podrían hacer que las propuestas de cambio calaran. Hasta Saramago creo que se deja llevar, se deja engatusar por los políticos y por los que crean con su nombre edificios que a la postre sólo son como estatuas dormidas. Ya digo: vuelvo los ojos a la fotografía y, en este mundo sobresaturado de ficción, respiro viendo las calles que fotografía Javier Campano, los letreros, las cortinas, los anuncios, los sombreros, las carreteras, victoriosamente reales, pujantemente reales, sin fecha de caducidad, y tan útiles que sostengo uno de sus libros en la mano, miro a mi alrededor, abarco algunos cientos de libros literarios con mi mirada furiosa y pienso que todos juntos no valen lo que la mitad de las fotografías llenas de verdades que llenan el volumen de la Biblioteca de Fotógrafos Madrileños del Siglo XX dedicado a este artista fundamental. De verdades y de fisicidad, de hechos próximos y compartibles, de luces que tocan y revelan, de sombras que empujan a meditar. Sí, amigos: leo novelas y el alma se me aquieta, se me adormece, y en cambio veo las fotos de Campano y siento que algo vibra, se despierta, que algo sigue vivo y dispuesto a creer, a compartir y a cambiar. Son fotos pequeñas, son instantes nada decisivos, pero cómo comunican, cómo tienden manos, cómo apelan al alma dormida.

Foto: San Francisco, 1983. Javier Campano


Visita: Recuerdos de un verano con un spray en las calles de Granada: El Niño de las Pinturas

15 julio 2008

El fascismo futurista

Ahora que las empresas despiden a muchos trabajadores amparándose en los malos tiempos, en esa crisis mundial que nos echa el aliento en el cogote como un perro rabioso, mi amigo Luis Castillo me dice que ya está muy claro que han triunfado de nuevo los fascismos, los de nuevo cuño pero tan largamente conocidos a la vez, los que tienen mimbres del pasado pero son fascismos de ahora mismo, fascismos futuristas, como decía un personaje fascista creado por Fernando Savater en su novela "Caronte aguarda", que es una de las preferidas de mi amigo. Luis dice que en una sociedad en la que los bancos proclaman que han ganado más dinero este año que el pasado -uno español lo hizo público anteayer- y no se sienten culpables ni piden perdón por quedarse con lo que no es suyo -un banco no produce nada, dice Luis- sino que encima lo publicitan y se ufanan de ello; en una sociedad que aún pierde el tiempo revisando el pasado falsamente comunista de la antigua URSS -¿por qué se empeñan en llamarlo comunismo cuando no había de común más que el miedo y el secreto?-, que tiene a escritores empeñados en defender la libertad por encima de todo y comulgan luego con los excesos de un capitalismo homicida; en una sociedad jerárquica, donde triunfa el enchufismo, el miedo al otro inculcado por el fascismo latente y viviente que corre por las calles disfrazado de desconfianza pero que está hondamente metido en las almas de los que consiguen algo y tienen miedo de que los pobres, los desposeídos, los que vienen de fuera -extranjeros- les roben "lo poco" que tienen; en una sociedad occidental donde el tanto tienes tanto vales es más fuerte y más imborrable que nunca; en una sociedad desarmada y contentada con más fútbol y algo de pan, cervecitas y algún viajecito en el coche de papá; en una sociedad que se acomoda y deja que la gobierne el fascismo real y hábilmente disfrazado de democracia consultiva pero incapaz de haber dado un solo paso adelante en conseguir la igualdad y la fraternidad anheladas; en una sociedad de este tipo, dice mi amigo Luis Castillo, sólo cabe pensar que el fascismo futurista ha triunfado de pleno y dejando de lado las minucias se ha concentrado en mantener el poder en manos de los poderosos -esas oligarquías llamadas multinacionales-, en aislar y blindar las opciones de cambio profundo y auténtico y en arraigar cada vez más en lo profundo la jerarquía y la desconfianza hacia el vecino, en marcarlo todo con un precio y en separarnos de lo que en verdad nos define como humanos -la amistad, el amor, la compañía, el ocio, la cultura, el inconformismo- y en amedrentarnos, ponernos ante los ojos todos los desastres posibles -en los telediarios, chorreantes de sangre y de noticias largadas en serie, sin espacio para la reflexión-. En una sociedad como ésta, piensa mi amigo Luis Castillo, sólo queda empezar a plantearnos la vida desde el final, como si hubiéramos muerto y tuviéramos que analizar cómo fue nuestra existencia para quizá empezar a reaccionar o al menos a darnos cuenta de cómo hemos parido una ideología que nos alimenta y a la que no parece que vayamos a renunciar, ese fascismo futurista que nosotros creamos y del que, paradójicamente, somos ahora sus hijos muertos.


Imagen: "Boulevard Montmartre, efecto nocturno", de Camille Pissarro


Leer y ver : "Christian, el león" . En el blog de Mart

04 julio 2008

J. M. Coetzee: Desgracia


El arte de la novela precisa de preguntas más que de respuestas. No es fácil entender el mundo, no es fácil estar situado en ningún sitio, no es fácil ser. Coetzee, en esta gran novela, nos habla de cómo un hombre ha de aprender a perderlo todo para empezar de nuevo, de cómo no nos entendemos unos a otros sino desde la más insolente subjetividad, que en verdad sólo nos separa. Un profesor de universidad se acuesta con una de sus alumnas y cae en desgracia. No tiene demasiado interés en conservar su puesto ni su buen nombre, atónito quizá, orgulloso siempre. Viaja a la granja de su hija y se encuentra con la naturaleza, con perros que van a morir sin saberlo en manos de una mujer que los quiere y los consuela pero les inserta la aguja fatal en sus indefensos, inútiles cuerpos de seres abandonados. Hace el amor con alguien por quien no se siente atraído; él, que tanto amó la belleza y la juventud resplandeciente. Se enfrenta a una hija que no quiere volver a vivir en una ciudad pese a que es objeto de una dura agresión.
Y ahí empieza otra vida para el profesor. Ante un nuevo paisaje, ante una hija violada que no quiere huir y dejar atrás un lugar que la cosifica, la reduce, David Lurie, a sus cincuenta y dos años, se da cuenta de que la vida acepta el sufrimiento, el cansancio, la derrota, la indefensión a cambio de seguir siendo sólo eso, o nada menos que eso: vida.
Coetzee, con un estilo de frase corta y casi transparente, con una voz susurrante, nos hace llegar una historia en la que no caben los tópicos, en la que se les da la vuelta a mil y una ideas preconcebidas, en la que late siempre otra voz que aún no ha muerto, que nunca morirá: la de Dostoievski. Y es así porque los seres que pueblan este libro son gente humillada y ofendida, son personas que continuamente interrogan a la vida y su sombras y tienen que tomar decisiones para seguir adelante. Son personajes que optan por mirar muy adentro de sus almas, con el riesgo de encontrarse con que esas almas puedan no existir, ser meros reflejos, limitadas creaciones de la mente humana. De alguna manera pienso que Coetzee es un escritor que apuesta por la antiépica, que da la espalda a lo grandilocuente, que nunca habría podido escribir obras que clamen, apacigüen o señalen caminos incontrovertidos. Sus indagaciones son tan hondas que llega hasta el punto en que el vacío es ya lo único que vibra dentro de cada ser: y nos descubre que es su parte más auténtica, la última, la verdadera.
Que nadie se asuste: "Desgracia" es una obra necesaria, un paso formidable en la creación literaria de nuestra época, un mapa por el que moverse con libertad y sin temor. Eso sí, también sin ningún agarre. Es una novela necesaria en un tiempo en que estamos rodeados de novelas prescindibles.


Texto recomendado: "AUTOBIOGRAFÍA (LVI) - La caza", en el blog de Luis Quiñones Cervantes

27 junio 2008

Putas asesinas, de Roberto Bolaño


El primer relato del libro, "El Ojo Silva", es acaso una perfecta síntesis de lo que fue Roberto Bolaño, de dónde vino y también a dónde se dirigía. Porque la influencia del gran Julio Cortázar es evidente en esta historia que nos remite a algún cuento del escritor argentino y a la manera en que Cortázar encaraba sus relatos, llenos de cosas de este lado y del otro, de lo visible y de lo invisible, con destellos y fogonazos de literatura fantástica y deslumbrantes encuentros con la mejor narrativa realista. Hay un deseo de absoluto en ambos, una mirada deseperanzada y llena de vida a la vez, una necesidad de comunicación y de comunión con los semejantes que arrastra, que no deja jamás indiferente. Hay también un asomo a cierto abismo de la fábula que en los dos escritores es un riesgo mayor y asumido, que puede subyugar de entrada o alejar de forma permanente al lector que no se siente concernido. Y también veo en Bolaño una libertad en la escritura que lo hace diferente -como a Cortázar su período largo, lleno de meandros y de voces concatenadas-, un dominio sensacional de la frase corta alternada con una frase larga nunca detentadora de estilo, nunca exhibidora de estilo, que me parece muy destacable y singular, pues hace que el texto respire sinceridad y se sitúe en un espacio exacto entre lo puramente literario (ficción) y lo enteramente creíble (más que ficción). El relato, con algunos defectos que lastran la credibilidad de su desarrollo al final y lo insertan con demasiada fuerza en la fábula, es hijo de un autor con un mundo al que se hace necesario volver.

20 junio 2008

El público lee


Este programa del Canal Sur es todo un lujo. Invita a escritores españoles que han publicado sus libros en fechas recientes y los enfrentan a tres lectores. El diálogo es fluido, animado, y casi siempre interesante, muy interesante. El presentador es Jesús Vigorra, uno de esos tipos entrañables y con buen humor, sabio pero nunca pedante, con muy buen ojo para seleccionar los libros, a los autores y las preguntas que les hace a los creadores al principio y al final del programa. Estoy convencido de que ganan lectores para los libros elegidos, pues todo resulta ameno, cordial y cálido. Y nunca superficial. Yo, sin ir más lejos, he salido alguna vez a comprar alguno de los libros - "Saber perder", de David Trueba, por ejemplo- de que han hablado después de ver el programa. Os dejo un enlace para que veáis -y os bajéis, si queréis - el último que han emitido. Repetiréis.





http://www.radiotelevisionandalucia.es/

14 junio 2008

Alberto Moravia: Nuevos cuentos romanos



Nos faltan escritores como Alberto Moravia, los necesitamos, porque en esta realidad confusa y maleable es preciso que haya autores que son la voz del pueblo, que levantan acta de los hechos cotidianos y se preocupan por saber qué pasa cada día, por leer la actualidad y meditar sobre ella mediante una literatura útil y sugerente. Nos faltan escritores como Alberto Moravia, atentos a lo que se cuece aquí y ahora, con talento para abordar los temas que nos ocupan y nos preocupan. Necesitamos a escritores como Moravia, soldados civiles de las letras que luchan para dejar constancia de lo que al ser humano de nuestro tiempo mejor lo define y caracteriza.
En el libro "Nuevos cuentos romanos" hay un relato, titulado "La confidencia", en el que un camionero que ha atropellado a un motorista y se ha dado a la fuga le cuenta a su novia qué cobarde fue dejando a un hombre muerto detrás, qué cobarde fue por no parar tras embestirlo con su camión. El sentimiento de culpa del camionero, la reacción de la novia, la situación que genera la confidencia son algo digno de ser leído y muy adecuado para confrontarlo con las reacciones que hoy podrían darse en personajes semejantes, cuarenta y cinco años más tarde de la publicación del libro. ¿Hemos cambiado mucho, poco o nada? ¿Cambia el hombre ante la fatalidad, es otro hombre, es universal e inmutable la cobardía? ¿Cómo valoramos la vida de los demás? Moravia dejó un relato magnífico, con todas las preguntas y algunas respuestas. Y apenas son seis páginas. Qué lección de concisión, compromiso y verdad. Para tomar nota.

08 junio 2008

Patricia Highsmith: La casa negra


Las narraciones de Patricia Highsmith están llenas de ideas. Pocos escritores se han planteado la literatura como ella, o al menos son pocos los que han acertado, como Highsmith, con un planteamiento narrativo que encierra -y origina - tantas ideas. Ya antes he escrito que esta autora es una grande de la narrativa del siglo XX, más acá y más allá de cualquier precipitado encasillamiento. Los relatos de "La casa negra" son producto de la madurez de Patricia Highsmith y forman un libro indispensable. "Bajo la mirada de un ángel sombrío" es sencillamente excelente. En él se habla de la vejez y de los ancianos que les cuestan mucho dinero a sus familias desde el momento en que no se valen por sí mismos y han de ingresar en una residencia de pago; de la educación de algunos padres que leen la Biblia y la tienen por un elemento imprescindible en sus vidas y les imparten lecciones a sus hijos aunque la lectura de ese libro sagrado no siempre hace mejores ni a los progenitores ni a sus vástagos, algo tristemente constatable y que lleva al protagonista de la historia a quemar el Antiguo Testamento, horrorizado por su difusión de la imagen de un Dios vengador; de la amistad desengañada y del miedo a la soledad, del chantaje, del poder del dinero por encima de todo. Son veinte páginas de una narración que no es negra ni policial y que es una auténtica maravilla, un ejemplo perfecto del talento y la profundización psicológica de una escritora singular y nunca lo suficientemente bien celebrada. Una escritora comprometida, pura y valiente, que habla de problemas y preocupaciones universales y existenciales a su manera tan equívocamente transparente, siempre ágil y profunda. Pocos como Patricia Highsmith sabían tanto sobre ángeles sombríos, pocos acertaron a contarlo con tanta claridad y maestría, sin vanos golpes de efecto y sin volverles la espalda a las verdades literarias y humanas. Pocos han conseguido involucrar tanto al lector. Este relato es una muestra más.

03 junio 2008

La crisis

Me dice mi amigo Luis Castillo que siente vergüenza ajena al leer los datos que estos días hacen públicos algunos bancos, proclamando sus beneficios millonarios mientras los que les llevan el dinero están cada vez más endeudados y fastidiados. ¿Por qué no son solidarios y bajan las comisiones?, se pregunta Luis, si tienen tantos beneficios no debería importarles. Y además, ¿quién se queda con todo ese dinero que ganan? Va a las manos de unos pocos tipos que viven en la gloria mientras el resto tiene que atarse los machos y sufrir para seguir tirando. Es absolutamente inmoral, sentencia Luis, y a esto hemos llegado porque quienes de verdad mandan en el mundo son los banqueros. No somos ciudadanos, somos clientes. Quien no quiera verlo, allá con su miopía.
Luis prefiere que estén los socialistas en el poder -¿Has oído lo del saludo de Arriba España que se dedicaron dos políticos del PP hace poco?, tío, siguen teniendo un aura franquista que tira para atrás estos de la derecha española- , aunque no deja de ver que tratan de suavizar lo innegable sin conseguirlo: Desde que se implantó el euro, esto es un desastre, Paco, todo está disparatado, las subidas de los precios dan miedo, los redondeos acojonan. Vas a comprar comida y vuelves apesadumbrado. Los tomates no saben a tomate, las patatas no saben a patata, todos los sabores parecen huidos, pero todo cuesta una barbaridad. Luis es más bien anarquista, así que analiza siempre con un poco de rabia y de desconfianza lo que ocurre en nuestra sociedad, pero tengo que darle la razón cuando dice que nos hemos deshumanizado tanto, nos hemos idiotizado tanto -Mientras a la gente no le quiten su cochecito, la salidita del domingo y el dinerillo para las cervezas y las tapas nadie verá que esto va para atrás, que esto está chungo, Paco- que ya no vemos ni oímos ni, por supuesto, sabemos unirnos para protestar y hacernos oír. Los que mantienen a un país son los de abajo, pero nunca han importado y nunca importarán. Mira, Paco, el capitalismo es aborrecible, el supercapitalismo es denigrante y el hipercapitalismo que soportamos es criminal. Las crisis como ésta están orquestadas, teledirigidas, controladas como si se soltara cuerda y se dejara que estuviera tensa hasta que interese recoger y destensar, brindar un poquito de calma y de felicidad amañada, fugaz, de espejismos que muy veían gente como el Mersault de Albert Camus. Unos por cabrones y otros por idiotas, cada vez me decepciona más el personal y puedo decirte, Paco, que no voy a caer en el nihilismo pero cada vez estoy más convencido de que el ser humano es un capullo vanidoso y sin moral que merece muy poco la pena. Protesto, pero Luis me dice que le deje acabar: Como tantos otros, acabaré viviendo solo, acompañado de un perro, que es el ser más noble de la creación, el más inteligente, el más transparente y fiable, Paco. Nunca un buen perro muerde la mano que le da de comer, nunca huye si tiene que defender a quien quiere, nunca le olvida y hasta puede morir de pena cuando quien vivió a su lado fallece. Esta mañana, Paco, me voy a la biblioteca a leer algún libro sobre los perros y su mundo. Y se lo recomiendo al resto de la humanidad.


Foto: Sergio Larrain

30 mayo 2008

Pasos, de Federico Luppi


Olvidamos muy deprisa, olvidamos como si las cosas no hubieran sucedido, olvidamos como si nos quitáramos no la ropa vieja sino a esos otros que fuimos nosotros mismos y que no nos sirven ya de nada. De un cercano ayer habla "Pasos", necesaria película que, pese a sus limitaciones y carencias, es de las que uno recomienda, porque tienen mucha vida dentro. La historia de unos hombres y unas mujeres que acaban de dejar atrás el tejerazo, el intento de golpe de estado de 1981, es interesante, un vaso de agua fresca entre tanta arma ardiente y hollywoodiense que nos mata de calor y de aburrimiento la mayor parte de las veces. Es el pasado de este país lo que sale aquí a pasear, lo que se ventila como una casa vieja a la que se le abre una ventana. Somos demasiado listos, demasiado sabios -eso creemos-para aprender de los hechos recientes, que nos apresuramos a enterrar, como si fuéramos creadores de modas o destructores de las mismas, algo que vemos a menudo en la música pop. Pero la música y las palabras se las lleva el viento y a veces vuelven, nos tocan la fibra, nos recuerdan que no envejecemos partiendo de la nada y que somos, ante todo, pasado. No es ésta una gran película, la perjudican el esquematismo y el deseo de golpearnos con un hecho trágico y globalizador, pero seguro que cuando la veáis recordaréis momentos de vuestro ayer y pensaréis un poquito. No creo que Luppi se sienta mal sabiendo que consigue de cada espectador dos minutos de silencio meditativo.

21 mayo 2008

Kjell Askildsen (y Julián Rodríguez): Todo como antes


Qué gran prólogo de Julián Rodríguez para este libro recién aparecido en el que se recogen tres obras de Askildsen, del que ya antes hablé en este blog en alguna ocasión. Elige 12 palabras Julián Rodríguez y crea un breve "Diccionario Askildsen" que es una perfecta puerta de entrada al mundo de este escritor noruego al que hay que celebrar leyendo. Lo define Rodríguez como "existencialista en la era del fast food", definición precisa y evocadora y que alabo, sin más. Menciona también Rodríguez a Moravia, a Camus, a Pavese, y no lo hace para demostrar su gran cultura, sino para homenajear y situar la obra de Askildsen, al que precipitadamente se mete en el mismo saco que a Carver - imperialismos culturales mediante, cómo no, y conformismo de las ideas en los que encasillan y salen corriendo-. Un libro que son tres libros y un prólogo memorable. Y en bolsillo, a un precio de bolsillo. Qué alegría poder recomendar libros como éste, que aún se editen libros tan recomendables y tan útiles.

(Por cierto, muy bien elegida la foto de la portada, del maestro Bruce Davidson, uno de los mejores fotógrafos del siglo XX).

17 mayo 2008

Ellen Hunnicutt: La biblioteca musical


Nunca acabo de explicarme por qué hay libros valiosos que desaparecen y son engullidos por el olvido y el desinterés de quienes viven de los libros. Sé que vivimos en una sociedad hipercapitalista, con editoriales dirigidas por ejecutivos que poco o nada saben de literatura y mucho, eso sí, de números. Pero que se les pase reeditar libros como éste, que tienen un gran público potencial, no me lo explico.
Editado por Laia en 1989, "La biblioteca musical" es un libro que reúne un conjunto de relatos que tocan temas que a todos nos interesan - una madre que ha perdido a su hijo, que sólo vivió cuatro días; una mujer violada que intenta rehacer su vida familiar; un hombre con una enfermedad terminal; un obrero que de repente decide escribir- y que se presentan envueltos por una prosa de altura, con grandes aciertos verbales y morales, profundos, que incita a saber más de la gente y de los músicos, de los que ya han triunfado y de los que los forman, profesores que tienen vidas privadas que nos reflejan a todos.
Es un libro que tiene un público potencial grande, que posee la sensibilidad adecuada para captar a un número importante de lectores que pueden ser habituales o que se acerquen al libro porque adoran la música.
"El regateo" es uno de los relatos del libro. Una profesora es interrogada por un alumno insatisfecho mientras realiza ejercicios al piano. Quiere saber si es preciso haber sufrido para ser un gran artista. Quiere que ella le responda, pues ha perdido a un hijo. Y la respuesta vendrá de la mano de Vladimir Ashkenazy, el pianista que está fotografiado en la portada de un disco y dialoga con la profesora durante unos instantes en que realidad y fantasía se unen sin que nada se estropee, con una naturalidad apabullante. Ashkenazy -ese pianista al que los habituales de este blog saben que admiro más que a ninguno otro- le ofrece una nueva mirada, le da un consejo y ella lo sigue. Y se oye al fondo un vals amargo de Chopin.
Sólo en librerías de lance, en librerías virtuales es posible encontrar ya libros como éste. Pero os aseguro que merece la pena buscarlo y conseguirlo. Yo sigo la actualidad casi al minuto, compro novedades, no soy un nostálgico recalcitrante. Pero opino que hay libros que no merecen desaparecer, que exigen del lector un pequeño esfuerzo de búsqueda y paciencia y recompensan con momentos y recuerdos que indeleblemente quedan en la memoria. Éste libro es uno de ellos.

12 mayo 2008

Mis fotos 1 Viva la república




Éste es un blog en el que cabe la meditación fotográfica, e incluso la creación fotográfica. Los que me conocéis ya sabéis que la fotografía es mi segunda pasión artística (algunos amigos me dicen que la primera, en fin, porque acierto más cuando me expreso con la boca cerrada). Así que os presentaré algunas fotos de las que me siento menos insatisfecho. Ésta responde al título de "Viva la república".




09 mayo 2008

La España que te cuento


He aquí un libro interesante, generoso, necesario. Un libro en el que se habla de nuestro país, de alguna gente que vive en él y pasa junto a las grandes noticias, las escucha, las siente, pero no las crea, no las adelgaza ni las envilece ni las engorda con su presencia, a no ser de forma muy lateral, como sombras. La idea parte de la experiencia de José Ovejero en Alemania, donde hay más audiolibros que aquí, y de su visión levemente desencajada, que es tan necesaria para mirar mejor y saber más: así nos observa, entre otros, Juan Goytisolo, entornando los ojos desde la distancia, y así acierta casi siempre en sus análisis y en sus juicios. Ovejero reúne a un grupo de escritores nada desdeñables, desde el ubicuo y celebrado Vila-Matas hasta el maestro José María Merino, pasando por Fernando Aramburu, Antón Castro, Rosa Montero o Cristina Grande. La tarea es hermosa y por eso recomiendo la lectura y la audición de este libro -viene con un disco dentro, un estimable regalo con la voz de los propios autores leyendo sus relatos -, y destaco la importancia de cerrar un momento los ojos, salir de nuestro país y mirarlo desde lejos durante un rato, desde el lugar inmaterial que crea la literatura, para volver y comprender mejor, comprendernos mejor.

07 mayo 2008

Arvo Pärt: Fratres (Un estado de la mente)


Parece que la música cae dentro de ti y luego crece, como una enredadera, y sube hasta tu garganta y hasta tu boca, te deja los ojos vacíos porque miras sin ver y acaso resulte que estás mirando más allá, que estás viendo algo que sólo está dentro de ti o demasiado lejos de tu cuerpo, de tu alcance. Suena "Fratres", de Arvo Pärt. El cello avanza rozando, se enroca en su sonido pero se despereza cuando aparece el piano contundente, que lo anima al diálogo y a llamarnos, a concitarnos en un lugar que nos aleja de todo durante casi doce minutos. Uno está transido, puede ver a los que se fueron de este mundo -ahí, tan cerca, tan reales, tan al alcance de la mano, aunque ¿cuál es tu mano, qué es una mano?-, puede imaginarse otro y deambular por espacios que no le pertenecen a nadie, que no tienen precio ni están expuestos a que nadie los valore y luego engañe vendiéndolos. Cada vez que el piano percute, la llamada se hace más honda, el sosiego más duradero, y acudimos prestos otra vez. Rápido, rápido el cello, que dialoga pero quiere mostrar otras opiniones, otras ideas. No se contenta el piano: es una campana, un gong que revoca los plazos y acorta los márgenes. Una llamada a la confesión, a mirarnos en el rostro de Dios. Probablemente, cuando la música acabe nos sentiremos de nuevo los mismos pero a la vez otros muy diferentes. Nos sentiremos solos pero hermanos.

30 abril 2008

Félix Mendelssohn

Me fascinan el orden y la claridad que hay en los conciertos para piano de Mendelssohn. Hay algo fiable en esa música, hay una sinceridad expositiva que resulta rara y valiosa. Diría que hay verdad en esos conciertos, en esos diálogos del piano con la orquesta, y que en ellos el deseo del compositor -que la música propiciara claros pensamientos, que podían ponerse por escrito, que no enmarañaran la atención ni la sensibilidad del oyente- se cumplía a la perfección. Y es que, partiendo de una voluntad de orden y control, de dominio, creo que el aparente conservador Mendelssohn lo que hace con su obra es ofrecer mensajes coherentes con su manera de entender el mundo, la fe, pero también las relaciones humanas, los afectos. No en vano, quedó herido por la muerte de su hermana y no tardó demasiado en morir también él, que siempre se sintió muy cerca de ella -escribo esto oyendo el adagio del Concierto nº2, con los dedos adormecidos y a la vez volátiles por la emoción-, que supo que no podría asimilar su pérdida. Era alguien irritable, pero profundamente humano, un hombre que miraba hacia el lado claro de las cosas. Su música transparenta su afectos, sus deseos de amar y ser amado, su generosidad. Su claridad era la de quien mira lo cercano sin olvidarse nunca de lo que hay más allá, de lo que hay o desea que haya más allá. La próxima vez, escuchad su música y pensad que fue un alma noble que buscaba la concordia y seguramente era de esas personas que tenían siempre una palabra amable, alentadora. Cuántos Mendelssohns necesitaríamos -incluso los que estamos enfrente del conservadurismo- para cambiar y mejorar muchas cosas. Empecemos por escucharle, por dejarnos llevar por su música y por ordenar nuestras ideas, que serán cada vez más claras gracias a su influjo.

26 abril 2008

Rafael Chirbes



Vino a Granada con "Crematorio", la primera obra maestra del siglo XXI escrita en España. Lo presentó José Abad, que conoce bien su obra y la admira intensa y rigurosamente. Leyó Chirbes unos folios y habló sobre la novela y los novelistas. Dijo que en "Crematorio" se había enfrentado a un personaje protagonista que era complejo, al que consideraba por encima de él: detesta que los malos sean únicamente malos y los buenos sólo buenos. Escribir novelas para que me digan lo que ya sé no me sirve, afirmó. Las que le interesan son aquellas que le hacen cuestionarse las cosas, lo que piensa. Así, enfrentarse al reto de crear un personaje al que detesta pero al que ha de abordar con precaución, con profundidad, mirándolo desde abajo, entendiéndolo, tirando cables que otros pueden recoger, cartografiándolo con esmero y sin descalificaciones vanas, respetándolo, es una ejemplar lección que nos deja y que les servirá a otros autores para reflexionar y constituye un aliciente más para cualquier lector que se acerque a este novela inolvidable.

17 abril 2008

Personajes


Leyendo el prólogo que escribió André Malraux para la novela "Diario de un cura rural", de Georges Bernanos, absolutamente sobresaliente, me da por pensar que nuestra actual literatura está invadida de caracteres y huérfana de auténticos personajes, de personajes inolvidables, de personajes que calen hondo en nuestras mentes hasta el punto de hacernos olvidar que son creaciones literarias para pasar a ese estadio maravilloso de seres con vida propia, no importa de qué carne o papel provengan - ni de qué pantalla-. Señalaba ayer en una entrevista en el diario Público el escritor argentino Ricardo Piglia que la novela no desaparecerá mientras existan personajes, mientras se creen personajes bien trazados y bien desarrollados. Lo comparto. Abundan los caracteres -sujetos a una pasión, una obsesión, una idea conductora -pero escasean los personajes, esos seres ficticios y absolutamente necesarios que se sumergen en acciones inesperadas, que exploran en el fondo de sus almas, que se sorprenden y nos sorprenden con sus excursiones a lugares de su personalidad -de su alma- de los que no vuelven igual que cuando partieron. Estamos rodeados de caracteres -en la novela negra, la mala novela negra, surgen como setas- que se mueven férreamente manejados por las manos de sus conformistas creadores y que hacen viajes inútiles de los que regresan como si no hubieran salido de sus propias casas - de sus propias almas-. Si echamos de menos a Dostoievski, a Balzac, a Flaubert, al Raymond Chandler de "El largo adiós" no es porque seamos unos nostálgicos irredentos, porque nos hayamos quedado anclados en un pasado glorioso y muerto. Los echamos de menos porque crearon personajes -esos tipos imprevisibles, osados, indagadores de la cuestión humana- , porque no se contentaron con legarnos simples caracteres. Los echamos de menos, los necesitamos porque la literatura con ellos nos acercó a la esencia, a lo que nunca dejaremos de necesitar: al otro, al semejante. Somos seres sociales por naturaleza, somos fragmentos ambulantes que siempre andamos buscando complementos y luces de los que no pueden proveernos nuestra razón y nuestras creencias. Somos seres incompletos. Necesitamos personajes, necesitamos al otro. Necesitamos el diálogo con unas constantes -tan ciertas como las vitales - que nos definen como seres humanos y que se expresan en ocasiones mediante la ficción de forma más concreta y útil que en la engañosa realidad. Gracias a la novela -las grandes novelas que nos despiertan- continuará existiendo el diálogo con esas constantes, con la esencia, con lo que definimos como humano.


Foto: Willy Ronis

Texto recomendado: Acción de gracias - Richard Ford. En el blog de Pepe Cervera

14 abril 2008

Los días del pasado, de Mario Camus


Lenta, paciente se mueve la cámara por los paisajes del norte de España, nos muestra los rostros fríos y atemorizados de los habitantes de nuestra posguerra, los rostros de los vencidos, de los que nunca podrán recuperar cabalmente la alegría de vivir. Con voluntad de verismo, sin alzar la voz, narra Mario Camus una historia que no puede dejar a nadie indiferente, que ahonda en la injusticia y la soledad de los que tuvieron que aguantar casi cuarenta años de dictadura franquista. La maestra andaluza que viaja al norte para buscar y reunirse con el hombre al que ama no puede ser feliz ni lo será aunque lo encuentre, aunque vuelva a besarle y a sentirse momentáneamente en paz a su lado, porque el destino de su amado es la lucha, es la memoria, es la muerte en la batalla contra quienes les arrebataron a los débiles, a los vencidos, lo más importante que el hombre tiene: la palabra (magníficamente señalado en el estudio que hace de la película José Luis Sánchez Noriega en el libro que la colección Signo e Imagen/Cineastas de Cátedra le dedicó al gran director de cine hace ya diez años). Gran película, absolutamente necesaria, una lección de cómo narrar de manera poética y realista a la vez.

28 marzo 2008

Mariana


(Para Mariana, allá donde esté)


Te dicen que ha muerto. Tratas de olvidarlo, tratas de llevar la noticia por el camino de los avatares de tu vida cotidiana. Sigues viendo la televisión, modulas tu voz para que no te delate la angustia. Pasas la tarde en la calle, hablas con tu mujer, con tus hermanos, con tus sobrinos, tomas cervezas y procuras que tu mirada no se pierda, que la voz no se ahogue en mitad de una frase. Pero cuando te has bebido seis cervezas, después del chupito de whisky, mientras avanzas por la calle llena de charcos de luz y de sombra a esta hora tardía, piensas en ella, que ocupó una semana de tu vida, que estuvo desnuda y pegada a ti sobre una manta en el salón de tu piso alquilado, en los años en que no eras más que un hombre que empezaba a descubrir el sexo. Ella estuvo a tu lado, debajo de ti, encima de ti, ella te miró moviéndose sobre tu cuerpo, creando olas en tu piel y en tu mente con el vaivén de sus caderas, de su melena y de su piel oscura que se borraba y se hacía definitivamente real ante tus ojos entrecerrados. Fue compañera de una semana, sólo eso. Y ahora que está muerta quieres pensar en ella, sólo en su cara, en su voz, en su manera de apartarse la melena de la cara, de regañarte cada vez que le hacías perder la paciencia. Pero ves su cuerpo desnudo, la sientes durante un instante encima de ti, de tu placer breve, y quieres llorar, te preguntas por qué un cáncer elige a una víctima de apenas cuarenta años, por qué la crueldad, por qué la brevedad, y te acuestas junto a tu mujer y no dejas de recordar y ves el cuerpo desnudo, los ojos y la piel morena y el pelo negro y te dices que el dolor es siempre una mancha que no puede eliminarse, que ya nada puede borrar.


Foto : Willy Ronis

25 marzo 2008

Arthur C. Clarke y Fernando Savater


Se nos fue un maestro de la literatura, un escritor grande que nos legó sus sueños y deseos para un futuro verdaderamente mejor. "El fin de la infancia" me parece una novela destacadísima, de las más interesantes del pasado siglo, de las necesarias. Pero nada más tengo que añadir sino el enlace para que quien quiera lea el excelente artículo de Fernando Savater, publicado en El País hoy, lleno de sensibilidad, inteligencia y una frescura que añoro tantas veces en otros textos literarios.

Las arenas de Marte, de Fernando Savater.

22 marzo 2008

Hombres en el engranaje


Nuestra civilización está enferma. Somos víctimas que matamos, somos muertos que asesinamos, somos solitarios que dejamos solos a otros, somos débiles que nos empleamos con ímpetu en maltratar a los que son aún más débiles. Creo que hay que intentar otras vías. La ciencia es un páramo para lo ético. La política es un páramo para la razón. El individualismo es un páramo para la esencia humana.Hay que buscar otras vías. Romper, ver qué queda y recomenzar. Tenemos mucha información, mucha preparación, pero no damos pasos adelante. El mal de los intelectuales. El mal de la manipulación. El mal de sólo ver el mal y ahogarnos en la marea del no querer saber más para no quedarnos ciegos y tontos. Pero vendrán más años malos y nos harán más ciegos, como decía Sánchez Ferlosio. Y entonces alguien llegará y tendrá todo el derecho de decirnos que somos ciegos y cobardes.

(Texto surgido tras una visita al blog "Tonterías emocionales", de María, que os recomiendo, y dedicado al gran escritor Ernesto Sábato)

11 marzo 2008

Cómo publicar


¿Qué harías vosotros?
Tenéis una novela que no le ha interesado a ninguna editorial. Alguna se ha quedado a un paso de publicarla, otras editoriales la rechazaron a la primera, otras esperaron un tiempo prudencial pero no dieron un paso adelante.
Esa novela sigue gustándoos, os convence, creéis que es digna, que merece la pena publicarla.


Opciones: A/ Seguir esperando, mandar a editoriales a las que aún no le habéis remitido vuestra creación. B/ Publicarla en lulu.com, ponerle un precio asequible -no se trata de ganar dinero- y darla, de alguna manera, por publicada y que se busque la vida ella solita. C/ Publicarla en un blog.

Bueno, vosotros diréis.


Foto: Manuscrito de Camilo José Cela, en la web del escritor José García Nieto

06 marzo 2008

Albert Camus y nuestra civilización


En su libro "Carnets, 2", apto para la lectura y la relectura, para repensar nuestro mundo, encontramos estas impagables reflexiones de Albert Camus:

La inteligencia moderna está en plena confusión. El conocimiento se ha dilatado a tal extremo que el mundo y el espíritu han perdido todo punto de apoyo. Es un hecho que estamos enfermos de nihilismo. Pero lo más sorprendente son las prédicas sobre "retornos". Retorno a la Edad Media, a la mentalidad primitiva, a la tierra, a la religión, al arsenal de las viejas soluciones. Para atribuir a estas panaceas una pizca de eficacia habría que hacer tabla rasa de nuestros conocimientos -hacer como si no hubiéramos aprendido nada-, fingir, en suma, que borramos lo que no puede borrarse. Habría que tachar de un plumazo el aporte de varios siglos y las innegables conquistas de un espíritu que finalmente (es su último progreso) recrea el caos por su propia cuenta. Esto es imposible. La curación tendrá que conciliarse con esta lucidez, con esta clarividencia. Deberá tener en cuenta las luces que conquistamos desde el instante de nuestro exilio. La inteligencia no está confundida porque el conocimiento haya trastornado el mundo. Lo está porque no ha podido adaptarse a ese trastorno. No "se ha hecho a la idea". Que se haga a ella, y la confusión desaparecerá. El espíritu podrá enfrentarse al desorden con la clara conciencia de que existe. Hay que rehacer toda una civilización.

¿Suscribís sus palabras?


Foto: Henri Cartier-Bresson

26 febrero 2008

Gonzalo Calcedo Juanes: Temporada de huracanes (2)


También me parece magnífico el segundo relato, "Tres muñecos de nieve", en el que son más evidentes las influencias de la narrativa corta estadounidense pero sin ahogar la creatividad de Calcedo, sin borrar su presencia en el relato, la del autor que mira de una manera muy determinada a sus criaturas, que hace avanzar por una línea que distiende el pasado o lo encoge con una precisión espléndida, que escoge con pleno acierto motivos simbólicos y no los deja fríos en primer plano sino que los mueve con fluidez y dotándolos de una vida que sólo los personajes muy recordables poseen. Todo es sugerido, apuntado, todo está en un plano que obliga a mirar más abajo, a buscar lo escondido, lo no dicho: el estilo de Calcedo es profundamente económico y cristalino, sin falsos juegos y sin retórica vacua, pero también se presta a la frase brillante, enjuiciadora, con valor de diamante. Y al final hay unas palabras de un personaje que caen sin fuego pero queman, según la inteligente manera de contar de Calcedo, que emociona sin cargar las tintas, sin remarcar, buscando la complicidad del lector atento y sensible: habla de que lleva un pañal bajo su disfraz para parecer más gordo, un pañal de adulto, y agrega, medio borracho y desengañado de muchas cosas y ofendido y roto en verdad por dentro pese a sus anteriores palabras agresivas, que el narrador ha hecho más bien como que no oye: "Dios mío, mi pobre madre usó uno de esos al final de sus días. Qué tristeza..."
Calcedo es un escritor al que hay que visitar para saber más de qué están hechas las heridas del alma. Y para leerle, os aconsejo, tomad asiento y dejad una puerta de vuestra alma abierta. No lo leáis sólo con los ojos, ni con la mente. La experiencia será inolvidable.

15 febrero 2008

El país Ashkenazy ( Homenaje al pianista y director Vladimir Ashkenazy)

No es un compositor, pero sin duda a este inigualable intérprete -el que más grabaciones de referencia tiene de todos los músicos vivos- le debo haber descubierto la música clásica y a muchos compositores, incluso a otros artistas. Yo escuchaba a Leño, a Dire Straits, a Pink Floyd, a Carlos Cano. En mi casa nunca había entrado ningún disco de música clásica. Pero escuchando la radio, sobre todo por la tarde, empecé a oír su nombre en un programa de José Ramón Ripoll. Todas las composiciones que interpretaba al piano aquel tipo llamado Ashkenazy me gustaban. Y les seguí la pista a los autores, profundicé en un tipo de música del que conocía sólo lo más popular. Gracias a Radio Clásica -una emisora que da íntegras las obras, que no tiene publicidad, que es una tierra en la que nunca se pone el sol de la alegría, de la rotundidad, de la viveza, de la vida, en suma, que procura el gozo de la música-, a Ripoll, a Ashkenazy disfruté de las piezas breves de Schumann, de la grandiosidad nunca superficial de Beethoven, del romanticismo de Rachmaninov, de la percusividad de Prokofiev, de la majestuosidad -tan afín a la música de Elmer Bernstein, el compositor de bandas sonoras, aunque por otras vías que se comunican no tan secretamente- del Mussorgski de "Cuadros de una exposición", mi preferida de entre todas las creaciones de la música seria, como la define el gran pianista al que dedico este escrito.
Así se me presentan algunas de las mejores sorpresas, así voy dando saltos de una piedra a otra, de una voz a otra: porque puedo decir que, tantos años después, sigo admirando a Ashkenazy, oigo sus discos sinfónicos y les sigo la pista a los intérpretes que trabajan a su lado. Hélène Grimaud es por ahora la última parada, tan satisfactoria y tan plena, con tanto por decir aún. El maestro, entretanto, ha cumplido 70 años. Hace diez o doce yo me lo imaginaba sentado y dudando por primera vez ante el teclado, mirando su manos y sintiendo que la fuerza, la bravura y la delicadeza las habían abandonado. Temía saber que no tocaría más, que habría llegado el momento del abandono y de volver la vista atrás y ser alguien que ya sólo tiene logros en el pasado, una discografía que nunca se incrementará con otro disco de piano. Sufría, os lo aseguro; tanto admiro a este ruso genial, tanto le debo. Como si fuera de mi familia, acaso un hermano mayor, lo veía cansado y desengañado, con muchísimo a la espalda y con la repentina convicción de que lo que le esperaba era pequeño, falso, sólo sombras en una esquina de la pared. Le temo al tiempo, a su desgaste, a su fría aniquilación.
Pero el gran Vladimir Ashkenazy sigue aquí, sigue tocando el piano, sigue dirigiendo orquestas y sigue estando en una parte de mi vida para siempre, inamovible, como para otros lo es un viaje a un país extranjero o la consecución de un logro absolutamente personal. Cuánta felicidad me ha aportado a mí el viaje al país Ashkenazy, haberle conocido. Y después de darle muchas vueltas, de no saber cómo empezar ni cómo plasmar por escrito mi agradecimiento, aunque nunca lea el maestro este escrito, al menos ya está aquí y puedo decir: amigo, no pares, olvida tu edad, sigue siendo un hombre-música, no cierres tu país, que aún muchas visitas me quedan y muchos visitantes han de ir hasta allí.

Lectura recomendada: Murasaki Shikibu, la novela de Genji. En el blog de Mart.

11 febrero 2008

Elio Vittorini, la palabra y el escritor


En todo hombre está la esperanza de que acaso la palabra, una palabra, pueda transformar la sustancia de una cosa. Y en el escritor está la de creerlo con asiduidad y firmeza. Está en nuestro oficio, en nuestra misión. Es fe en una magia: que un adjetivo pueda llegar donde no llega, buscando la verdad, la razón; o que un adverbio pueda recuperar el secreto que ha escapado a toda pesquisa.


(Palabras de Elio Vittorini, extraídas del libro "La novela italiana de la posguerra", de Giorgio Pullini)

04 febrero 2008

La soledad, de Jaime Rosales


Fuera caretas, abajo las coartadas. Se puede hacer buen cine comprometido, social y valiente, que mira cara a cara a la vida, que es reconocible y habla de gente como tú y yo, la clase media, ésa que parece no importarle al sistema más que para largarnos películas hollywoodienses de acción descerebrada y argumentos sin pies ni cabeza.
Se puede hacer este cine, tiene espectadores y -aunque no es necesario, pero ahí queda- recibe incluso los mayores premios, como anoche en los Goya.
Mi aplauso para los creadores de una película tan original, que es puro cine y pura emoción.

01 febrero 2008

Contra los coches


Se pierde la dignidad, se pierde la vergüenza, se pierde una parte importante de lo que le define a uno como ser humano cuando atropellas a alguien con un coche, lo matas y luego reclamas que te paguen los desperfectos que el otro ser humano, mientras moría, le hizo al pedazo de lata andante que llamamos coche y veneramos como al nuevo becerro de oro.
Nunca quise tener coche. Nunca quise poder hacer daño -me decían algunos amigos que quizá no había madurado en algunos aspectos: qué alegría ser un inmaduro para siempre antes que volverme un inconsciente y un prepotente por manejar una bestia con ruedas que puede matar-, matar aunque fuera debido a un descuido.
Se puede vivir sin coche. Se puede ir a comprar el pan sin coche. Se puede ir al centro de la ciudad sin llevar el coche. E ir a otras provincias. Se pueden hacer muchas cosas. Detesto los edificios de Nueva York porque no están hechos a la altura de la esperanza humana. Detesto los coches y las prisas y a los imbéciles que se creen poderosos con un volante entre las manos. He mantenido discusiones y defendido que es un conductor homicida el que va a más de la velocidad permitida por cualquier carretera y un homicida a secas el que lo hace en una ciudad o en un pueblo, donde un niño despistado puede surgir tras cualquier esquina.
Me dan asco tantos anuncios sobre coches. Los veo y los olvido, porque no retengo los nombres, las marcas. Sólo los recuerdo por el color. Viajo poco pero contamino menos. Soy amigo de los autobuses y, sobre todo, de los trenes. Se puede vivir sin ser un conductor. Se puede vivir y dejar a los demás en paz.
Esos que atropellan y luego reclaman dinero para arreglar sus coches a las familias de las víctimas son animales predadores. Creen ser personas pero no lo son. Que el cielo los juzgue.


Foto: Willy Ronis

29 enero 2008

Gonzalo Calcedo Juanes: Temporada de huracanes


Qué gran relato es "A dos mil metros de altura sobre el nivel del mar", con el que se abre este libro de un consumado autor de cuentos, uno de esos escritores que no aparecen en los medios en grandes letras pero que van construyendo un mundo narrativo perdurable y de un valor siempre en alza.
A Aurora, ciudad "demasiado introvertida, demasiado campestre", va Donatella a dictar una conferencia sobre un poeta inglés pasado de moda, como ella misma, dejando en casa a un compañero del que no está muy segura y a dos hijos de un matrimonio anterior. Pocas cosas pueden pasar en veinte páginas, pero no os quepa duda de que Calcedo cuenta de una manera actual, sensible y sugerente que deja muy a las claras su altura de gran escritor. La manera actual viene dada por una narración sin efectismos verbales, de flujo medido y ágil, que no desdeña las frases certeras y que pueden extraerse con valor individual y de cita aislada: "Donatella sacó el móvil del bolsillo, estudió los mensajes de su minúscula pantalla, cada uno un capítulo, cada uno un embuste". La manera sensible viene dada por la cercanía con que se nos cuenta la pequeña historia de Donatella, por la mirada de un narrador que la comprende, que no la estudia fríamente como a un bicho raro, sino que la escucha, que nos la acerca, que nos la hace humana. La manera sugerente viene dada por el mayor acierto del relato, sin duda, que es la inteligente opción de mostrar sólo un poco, de resolver en pinceladas temas que han de continuar vibrando en la mente del lector, que han de resolverse de alguna forma en la mente del que se acerca a saber un poco de las vicisitudes de Donatella.
Es un gran relato, un magnífico pórtico para un libro que promete buenos ratos de aprovechable lectura.


Texto recomendado: Blanca Vázquez escribe sobre la película "4 meses, 3 semanas, 2 días"

26 enero 2008

Amos Oz: La historia comienza


Alumbrar lo oscuro, dotar de vida a lo inanimado, poner una mirada tranquila en los mundos que corren acelerados, compartir experiencias como lector y como persona. "La historia comienza", del gran escritor Amos Oz, es un regalo para todos los sentidos porque ayuda a ver mejor, a sentir mejor, e incluso ayuda a recordar mejor, a sacar del recuerdo objetos e imágenes llenas de polvo, aparentemente inservibles, que gracias a la nueva mirada, más intensa, más real, con que salimos de la lectura de este libro se levantan poderosas y útiles, como le ocurre al que reza en la montaña con toda su fe o al que repasa toda su vida echado en la cama, a oscuras, mientras piensa que nunca más tendrá tiempo para revisarla y entenderla. Amos Oz es un escritor con varias novelas imprescindibles a la espalda. Este libro es también imprescindible, porque cada página es un regalo, un pequeño secreto compartido y una pequeña lección de la que brotarán nuevos lectores, nuevos escritores, nuevas miradas comprensivas y estimulantes. Fontane, Gógol, Kafka, Chéjov, Elsa Morante, García Márquez, Carver y otros presentan los inicios de algunos de sus relatos y novelas que Oz examina, escudriña y, con un estilo ágil, apto para cualquiera, convierte en pequeñas crónicas, grandes destellos, enormes platos de gran cocina literaria.

19 enero 2008

Hélène Grimaud


Porque no está todo dicho, porque podemos emocionarnos con una nueva interpretación, una nueva incursión en un mundo explorado pero aún lleno de tesoros, porque la verdad de la música se impone en las manos de los mejores intérpretes, fieles y atrevidos, porque fascina con sus manos y las expresiones de su cara, sus movimientos lentos y rítmicos en directo, tenemos que oír a Hélène Grimaud. Pianista francesa, nacida en 1969, que ha tocado junto a algunos de los grandes de la batuta -cómo me alegra que entre ellos esté mi admirado Vladimir Ashkenazy-, niña prodigio que ha atemperado la fuerza y la ha convertido en lirismo del mejor, hondo y perfecto para la evocación y la fantasía, para el encuentro y el gozo, Hélène es una de las grandes artistas de nuestro tiempo. Su último disco nos regala algunos momentos de una belleza absoluta, de un lento acercamiento a la magia de sentir y vivir que sólo el genial Beethoven pudo darnos con su mente llena de tragedia y autenticidad. El concierto nº 5 para piano y orquesta, "Emperador", vuelve a deleitarnos, a hacernos preguntas, a detenernos y mirarnos, a ahondar en nuestras vidas arrasadas por la precipitación y la levedad, a provocarnos para que el placer y la armonía vuelvan a dominarnos. Perdéos en las manos de Hélène: saldréis fortalecidos y más despiertos.

15 enero 2008

El custodio, de Rodrigo Moreno


Una película protagonizada por un custodio (escolta, guardaespaldas) de un ministro argentino que está contada con silencios, con una acertadísima inserción de ruidos ambientales - abrir y cerrar de puertas de coche, de pasos, de los walki-talkies, de la respiración del ministro mientras duerme - y una interpretación magistral de Julio Chávez, uno de los mejores actores de habla hispana, cuya figura está plenamente alejada de estereotipos: no es alto, tiene papada, poco pelo. El director basa la narración en los encuadres, todos elegidos con un criterio creativo y que hacen más profunda la historia y sitúan al espectador a veces dentro y a veces muy fuera, según se narra con cercanía o con distancia la escena. Esos encuadres perfectamente buscados y la quietud de la cámara, que en ocasiones no sigue a los personajes y espera a que vuelvan a entrar en el cuadro, no son estética, sino profunda ética: hay en la elección de cada uno, siempre, una toma de postura, una sensación que se transmite sin imponerla, una visión que jamás cae en el tópico. También encontramos dos o tres desenfoques que, al verlos, dan ganas de levantarse y aplaudir, porque en una película realista no suelen abundar, son despreciados como si se les encasillara en un tipo de cine que ha de rebosar actos raros o fantásticos y se desaprovecha así un recurso que, como todos, vale su peso en oro cuando el que lo utiliza no lo hace para destacarse ni demostrar imaginación sino para comunicar más con menos, desde lo borroso, lo desechable, lo aparentemente vacuo o incorrecto. En la película hay poco diálogo, porque el custodio es un hombre que acompaña, ve, oye y no habla apenas mientras trabaja: es un defensor sordo, ciego y mudo, en verdad, un ser al que se tolera, se desprecia, se minimiza. Pero Julio Chávez lo crea en cada silencio, lo aumenta en cada palabra, lo define con cada mirada. Y lleva la película hasta un alto grado que en ningún momento necesita el exceso, la justificación, la caracterización excesiva, la anticipación que abona al misterio y descarta la emoción limpia. "El custodio" es una película magnífica, algo minimalista -en el mejor sentido-, yo diría que existencialista y ejemplar: con un personaje de cine negro se ha puesto en pie una historia absolutamente creíble, de alta calidad, se ha evitado la mixtificación y la descalificación gratuita y creado algo que se parece mucho a los sueños más realistas, los relatos literarios más humanistas, las confesiones más ciertas. Una de esas películas que uno no olvida jamás.

09 enero 2008

Philip Glass: Metamorphosis Two


La orquesta completa está dentro de un piano, la vida entera cabe dentro de la música que genera un piano. Oyendo Metamorphosis Two, de Philip Glass, con Jeroen Van Veen ante el teclado, las sensaciones se multiplican y vuelan en torno a una sola, en círculos concéntricos, como si la felicidad fuera un único objeto y todo diera vueltas a su alrededor. Porque a mí esta música me hace feliz, cómo ocultarlo. Siempre he sido devoto de la música para piano solo y además he admirado intensamente a los compositores contemporáneos. Glass es uno de los grandes, minimalista, y sus composiciones son envolventes, llenas de sensibilidad y la magia del hallazgo profundo, que toca algo en donde no hay lugar para el pensamiento ni para la divagación, donde la música es lo más alto y perfecto. Cuando el piano despide una sola nota y los dedos acompañan por debajo con otras que parecen alzar a la primera, sostenerla en alto para que nos llegue con mayor viveza y plenitud, me relajo y a la vez noto que algo se me escapa y busca una comunicación inmaterial, acaso posthumana. ¿Cómo podría pagársele a un gran músico por componer algo tan sublime? No bastaría todo el dinero del mundo, eso lo tengo claro, y probablemente nada tenga el suficiente valor como para pagarle. Quizá el único pago es la escucha atenta, alejada del runrún cotidiano, en un rincón que no ha de ser grande ni especial, sino tan sólo un lugar momentáneamente dado a la satisfacción del sonido, la lujuria de lo inesperado, el amor de lo que se repite con deseo: es tan sensual y bella la música, es tan real que cuando escribo me pregunto tontamente si la música podrá oírme, saber que estoy aquí, escuchándola, me pregunto si la música podrá saber que me hace vivir.

02 enero 2008

En tu voz, Mireille Mathieu


Uno se enamora, por qué no, de una cantante y de una voz.
He puesto un disco de Ennio Morricone, "The gangster collection", y la primera canción me fascina. Le doy al mando a distancia una y otra vez. De la película "Sacco & Vanzetti", compuesta por Morricone y con letra de Georges Moustaki. Canta Mireille Mathieu.
La voz engancha. La voz acaricia. La voz te acompaña cuando sales a la calle a comprar el pan, te sigue por la calle, te cosquillea en el oído. La voz está en tu cerebro, en tus manos, en el ritmo al andar.
Me gusta la pronunciación francesa. Me gustan las voces de las cantantes francesas. ¿Por qué no puede ser hoy una canción lo más importante del día, de mi vida en el día de hoy?
Ah, la erre tan gutural. Gracias, Mireille. Me conmueves. Gracias, Ennio. Gracias, Georges. Y un recuerdo para Sacco y Vanzetti, a quienes no hay que olvidar.


"Maintenant Nicolas et Bart,

vous dormez au fond de nos coeurs,

vous étiez tout seuls dans la mort,

mais par elle vous vainquerez !"