17.5.08

Ellen Hunnicutt: La biblioteca musical


Nunca acabo de explicarme por qué hay libros valiosos que desaparecen y son engullidos por el olvido y el desinterés de quienes viven de los libros. Sé que vivimos en una sociedad hipercapitalista, con editoriales dirigidas por ejecutivos que poco o nada saben de literatura y mucho, eso sí, de números. Pero que se les pase reeditar libros como éste, que tienen un gran público potencial, no me lo explico.
Editado por Laia en 1989, "La biblioteca musical" es un libro que reúne un conjunto de relatos que tocan temas que a todos nos interesan - una madre que ha perdido a su hijo, que sólo vivió cuatro días; una mujer violada que intenta rehacer su vida familiar; un hombre con una enfermedad terminal; un obrero que de repente decide escribir- y que se presentan envueltos por una prosa de altura, con grandes aciertos verbales y morales, profundos, que incita a saber más de la gente y de los músicos, de los que ya han triunfado y de los que los forman, profesores que tienen vidas privadas que nos reflejan a todos.
Es un libro que tiene un público potencial grande, que posee la sensibilidad adecuada para captar a un número importante de lectores que pueden ser habituales o que se acerquen al libro porque adoran la música.
"El regateo" es uno de los relatos del libro. Una profesora es interrogada por un alumno insatisfecho mientras realiza ejercicios al piano. Quiere saber si es preciso haber sufrido para ser un gran artista. Quiere que ella le responda, pues ha perdido a un hijo. Y la respuesta vendrá de la mano de Vladimir Ashkenazy, el pianista que está fotografiado en la portada de un disco y dialoga con la profesora durante unos instantes en que realidad y fantasía se unen sin que nada se estropee, con una naturalidad apabullante. Ashkenazy -ese pianista al que los habituales de este blog saben que admiro más que a ninguno otro- le ofrece una nueva mirada, le da un consejo y ella lo sigue. Y se oye al fondo un vals amargo de Chopin.
Sólo en librerías de lance, en librerías virtuales es posible encontrar ya libros como éste. Pero os aseguro que merece la pena buscarlo y conseguirlo. Yo sigo la actualidad casi al minuto, compro novedades, no soy un nostálgico recalcitrante. Pero opino que hay libros que no merecen desaparecer, que exigen del lector un pequeño esfuerzo de búsqueda y paciencia y recompensan con momentos y recuerdos que indeleblemente quedan en la memoria. Éste libro es uno de ellos.

12.5.08

Mis fotos 1 Viva la república




Éste es un blog en el que cabe la meditación fotográfica, e incluso la creación fotográfica. Los que me conocéis ya sabéis que la fotografía es mi segunda pasión artística (algunos amigos me dicen que la primera, en fin, porque acierto más cuando me expreso con la boca cerrada). Así que os presentaré algunas fotos de las que me siento menos insatisfecho. Ésta responde al título de "Viva la república".




9.5.08

La España que te cuento


He aquí un libro interesante, generoso, necesario. Un libro en el que se habla de nuestro país, de alguna gente que vive en él y pasa junto a las grandes noticias, las escucha, las siente, pero no las crea, no las adelgaza ni las envilece ni las engorda con su presencia, a no ser de forma muy lateral, como sombras. La idea parte de la experiencia de José Ovejero en Alemania, donde hay más audiolibros que aquí, y de su visión levemente desencajada, que es tan necesaria para mirar mejor y saber más: así nos observa, entre otros, Juan Goytisolo, entornando los ojos desde la distancia, y así acierta casi siempre en sus análisis y en sus juicios. Ovejero reúne a un grupo de escritores nada desdeñables, desde el ubicuo y celebrado Vila-Matas hasta el maestro José María Merino, pasando por Fernando Aramburu, Antón Castro, Rosa Montero o Cristina Grande. La tarea es hermosa y por eso recomiendo la lectura y la audición de este libro -viene con un disco dentro, un estimable regalo con la voz de los propios autores leyendo sus relatos -, y destaco la importancia de cerrar un momento los ojos, salir de nuestro país y mirarlo desde lejos durante un rato, desde el lugar inmaterial que crea la literatura, para volver y comprender mejor, comprendernos mejor.

7.5.08

Arvo Pärt: Fratres (Un estado de la mente)


Parece que la música cae dentro de ti y luego crece, como una enredadera, y sube hasta tu garganta y hasta tu boca, te deja los ojos vacíos porque miras sin ver y acaso resulte que estás mirando más allá, que estás viendo algo que sólo está dentro de ti o demasiado lejos de tu cuerpo, de tu alcance. Suena "Fratres", de Arvo Pärt. El cello avanza rozando, se enroca en su sonido pero se despereza cuando aparece el piano contundente, que lo anima al diálogo y a llamarnos, a concitarnos en un lugar que nos aleja de todo durante casi doce minutos. Uno está transido, puede ver a los que se fueron de este mundo -ahí, tan cerca, tan reales, tan al alcance de la mano, aunque ¿cuál es tu mano, qué es una mano?-, puede imaginarse otro y deambular por espacios que no le pertenecen a nadie, que no tienen precio ni están expuestos a que nadie los valore y luego engañe vendiéndolos. Cada vez que el piano percute, la llamada se hace más honda, el sosiego más duradero, y acudimos prestos otra vez. Rápido, rápido el cello, que dialoga pero quiere mostrar otras opiniones, otras ideas. No se contenta el piano: es una campana, un gong que revoca los plazos y acorta los márgenes. Una llamada a la confesión, a mirarnos en el rostro de Dios. Probablemente, cuando la música acabe nos sentiremos de nuevo los mismos pero a la vez otros muy diferentes. Nos sentiremos solos pero hermanos.

26.4.08

Rafael Chirbes



Vino a Granada con "Crematorio", la primera obra maestra del siglo XXI escrita en España. Lo presentó José Abad, que conoce bien su obra y la admira intensa y rigurosamente. Leyó Chirbes unos folios y habló sobre la novela y los novelistas. Dijo que en "Crematorio" se había enfrentado a un personaje protagonista que era complejo, al que consideraba por encima de él: detesta que los malos sean únicamente malos y los buenos sólo buenos. Escribir novelas para que me digan lo que ya sé no me sirve, afirmó. Las que le interesan son aquellas que le hacen cuestionarse las cosas, lo que piensa. Así, enfrentarse al reto de crear un personaje al que detesta pero al que ha de abordar con precaución, con profundidad, mirándolo desde abajo, entendiéndolo, tirando cables que otros pueden recoger, cartografiándolo con esmero y sin descalificaciones vanas, respetándolo, es una ejemplar lección que nos deja y que les servirá a otros autores para reflexionar y constituye un aliciente más para cualquier lector que se acerque a este novela inolvidable.

17.4.08

Personajes


Leyendo el prólogo que escribió André Malraux para la novela "Diario de un cura rural", de Georges Bernanos, absolutamente sobresaliente, me da por pensar que nuestra actual literatura está invadida de caracteres y huérfana de auténticos personajes, de personajes inolvidables, de personajes que calen hondo en nuestras mentes hasta el punto de hacernos olvidar que son creaciones literarias para pasar a ese estadio maravilloso de seres con vida propia, no importa de qué carne o papel provengan - ni de qué pantalla-. Señalaba ayer en una entrevista en el diario Público el escritor argentino Ricardo Piglia que la novela no desaparecerá mientras existan personajes, mientras se creen personajes bien trazados y bien desarrollados. Lo comparto. Abundan los caracteres -sujetos a una pasión, una obsesión, una idea conductora -pero escasean los personajes, esos seres ficticios y absolutamente necesarios que se sumergen en acciones inesperadas, que exploran en el fondo de sus almas, que se sorprenden y nos sorprenden con sus excursiones a lugares de su personalidad -de su alma- de los que no vuelven igual que cuando partieron. Estamos rodeados de caracteres -en la novela negra, la mala novela negra, surgen como setas- que se mueven férreamente manejados por las manos de sus conformistas creadores y que hacen viajes inútiles de los que regresan como si no hubieran salido de sus propias casas - de sus propias almas-. Si echamos de menos a Dostoievski, a Balzac, a Flaubert, al Raymond Chandler de "El largo adiós" no es porque seamos unos nostálgicos irredentos, porque nos hayamos quedado anclados en un pasado glorioso y muerto. Los echamos de menos porque crearon personajes -esos tipos imprevisibles, osados, indagadores de la cuestión humana- , porque no se contentaron con legarnos simples caracteres. Los echamos de menos, los necesitamos porque la literatura con ellos nos acercó a la esencia, a lo que nunca dejaremos de necesitar: al otro, al semejante. Somos seres sociales por naturaleza, somos fragmentos ambulantes que siempre andamos buscando complementos y luces de los que no pueden proveernos nuestra razón y nuestras creencias. Somos seres incompletos. Necesitamos personajes, necesitamos al otro. Necesitamos el diálogo con unas constantes -tan ciertas como las vitales - que nos definen como seres humanos y que se expresan en ocasiones mediante la ficción de forma más concreta y útil que en la engañosa realidad. Gracias a la novela -las grandes novelas que nos despiertan- continuará existiendo el diálogo con esas constantes, con la esencia, con lo que definimos como humano.


Foto: Willy Ronis

Texto recomendado: Acción de gracias - Richard Ford. En el blog de Pepe Cervera

14.4.08

Los días del pasado, de Mario Camus


Lenta, paciente se mueve la cámara por los paisajes del norte de España, nos muestra los rostros fríos y atemorizados de los habitantes de nuestra posguerra, los rostros de los vencidos, de los que nunca podrán recuperar cabalmente la alegría de vivir. Con voluntad de verismo, sin alzar la voz, narra Mario Camus una historia que no puede dejar a nadie indiferente, que ahonda en la injusticia y la soledad de los que tuvieron que aguantar casi cuarenta años de dictadura franquista. La maestra andaluza que viaja al norte para buscar y reunirse con el hombre al que ama no puede ser feliz ni lo será aunque lo encuentre, aunque vuelva a besarle y a sentirse momentáneamente en paz a su lado, porque el destino de su amado es la lucha, es la memoria, es la muerte en la batalla contra quienes les arrebataron a los débiles, a los vencidos, lo más importante que el hombre tiene: la palabra (magníficamente señalado en el estudio que hace de la película José Luis Sánchez Noriega en el libro que la colección Signo e Imagen/Cineastas de Cátedra le dedicó al gran director de cine hace ya diez años). Gran película, absolutamente necesaria, una lección de cómo narrar de manera poética y realista a la vez.