19 julio 2007

Ignacio Martínez de Pisón: El fin de los buenos tiempos


El fútbol, un pueblo, un chaval que es el mejor del equipo, el rico que además ejerce de presidente del club, la madre con un pasado medio enterrado que se niega a que el chaval sea futbolista en vez de representante de comercio, perito agrónomo o practicante, profesiones verdaderamente serias y con futuro. La mirada del narrador (ayudante del entrenador recién llegado, un tipo que salió de ese pueblo para triunfar fuera y vuelve derrotado y alcoholizado) es fundamental y una lección de cómo contar usando el punto de vista: se narra sabiendo, se narra sospechando, se narra intuyendo, se narra de manera sesgada y caprichosa cuando la ocasión lo requiere, como al final del relato. Los personajes no nos son presentados con demasiada profundidad, algo que me parece el único error del relato. La descripción de los lugares del pueblo, la función del campo en la vida de quienes habitan cerca de él, las relaciones abiertas y solapadas están contadas de forma que todo parece real y cercano. El juego entre lo que ocurrió en el pasado y lo que ocurre en el presente se formula en las dosis adecuadas, sin anticipar hechos -como en los malos relatos de intriga-, sino conforme la historia lo reclama. Con materiales tan sencillos parece difícil escribir un relato memorable, y sin embargo Martínez de Pisón lo ha hecho, con una prosa madura y dotada de un ritmo envidiable, sin aristas, sin socavones, sin lucimientos vanos y aun así muy matizada, muy bien adjetivada, en una justa medida. Es "El fin de los buenos tiempos" el relato de un escritor importante, de los que quedan en la historia de la literatura, de escritor que trabaja sin alharacas, prestando atención sólo a lo necesario, que es su creación, la misma que le va a dar un lugar bien asentado en ese espacio que sólo ocupan los autores de raza, auténticos, llamados a ser nuevos clásicos.