19 enero 2008

Hélène Grimaud


Porque no está todo dicho, porque podemos emocionarnos con una nueva interpretación, una nueva incursión en un mundo explorado pero aún lleno de tesoros, porque la verdad de la música se impone en las manos de los mejores intérpretes, fieles y atrevidos, porque fascina con sus manos y las expresiones de su cara, sus movimientos lentos y rítmicos en directo, tenemos que oír a Hélène Grimaud. Pianista francesa, nacida en 1969, que ha tocado junto a algunos de los grandes de la batuta -cómo me alegra que entre ellos esté mi admirado Vladimir Ashkenazy-, niña prodigio que ha atemperado la fuerza y la ha convertido en lirismo del mejor, hondo y perfecto para la evocación y la fantasía, para el encuentro y el gozo, Hélène es una de las grandes artistas de nuestro tiempo. Su último disco nos regala algunos momentos de una belleza absoluta, de un lento acercamiento a la magia de sentir y vivir que sólo el genial Beethoven pudo darnos con su mente llena de tragedia y autenticidad. El concierto nº 5 para piano y orquesta, "Emperador", vuelve a deleitarnos, a hacernos preguntas, a detenernos y mirarnos, a ahondar en nuestras vidas arrasadas por la precipitación y la levedad, a provocarnos para que el placer y la armonía vuelvan a dominarnos. Perdéos en las manos de Hélène: saldréis fortalecidos y más despiertos.